Que nadie quede atrás | Por David Cobo

El Ingreso Mínimo Vital desató el gruñido. Lo llamarón “paguita”, lo ridiculizaron y pusieron bajo sospecha a las familias receptoras de este derecho social. Pero hoy, aquellos que ladraban a las ordenes del patrón, no se han atrevido a votar en contra.

  • «Es el momento de adoptar más medidas valientes, como blindar los servicios públicos y recuperar la capacidad productiva del Estado».

 

  • David Cobo García – Portavoz IU Alcalá de Henares y concejal de Unidas Podemos IU en el Ayuntamiento

Vivimos días de incertidumbres y temores, de puestos de trabajo perdidos y de bronco lenguaje mediático. Pero también, afortunadamente, tiempos de solidaridad valiente y desatada que brota entre las ruinas de la crisis de esta enfermedad maldita.

Solidaridad que desde diversas asociaciones y colectivos surge para llenar de alimento los platos vacíos, echando una mano donde hace falta, para ayudar al vecino que hoy está viviendo peor suerte. La solidaridad colectiva se abre paso entre el obtuso ruido de cacerolas y nos hace fuertes, nos une y nos hace crecer como sociedad, como ciudad, como país.

Del mismo modo que las gentes de los barrios y pueblos se organizan de forma espontánea para socorrer al vecino, es de recibo que el Estado legisle para asegurar el derecho a vivir dignamente, y recalco su condición de derecho humano y constitucional, que no caridad ni regalo. El reconocimiento del Ingreso Mínimo Vital va encaminado al cumplimiento del derecho de todas las familias a cubrir sus necesidades básicas.

El Ingreso Mínimo Vital desató el gruñido del gran capital y sus mercenarios. Lo llamaron “paguita”, lo ridiculizaron y pusieron bajo sospecha a las familias receptoras de este derecho social. Pero hoy, aquellos que ladraban a las ordenes de la patronal, no se han atrevido a votar en contra.

Demuestran no tener más propuesta que recortes, privatizaciones, estrépito de cacerolas y banderas a media asta. Poco, muy poco, para ser alternativa de nada serio.

Cuando en el pasado se conquistaron el subsidio por desempleo, la pensión por jubilación, las diferentes prestaciones y servicios públicos, siempre hubo quienes alzaron la voz para decir que los trabajadores empobrecidos no merecían nada. Hoy sabemos que todos los derechos conquistados son los que nos hacen grandes como sociedad. No hay medalla olímpica ni mundial de fútbol que engrandezca a una nación más que el hecho de que todos sus habitantes tengan sus necesidades básicas cubiertas.

Antes del COVID-19 ya había 600.000 hogares en los que no entraba un euro y estábamos en los vergonzosos puestos de cabecera en riesgo de pobreza infantil de la zona euro. Situación alarmante que ha crecido exponencialmente con el coronavirus.

Hay muchas neveras por llenar y necesidades por cubrir, para todas ellas el IMV llega como agua de mayo. Muchos trabajadores son forzados a trabajar por un salario de miseria y a hacer horas extra sin cobrar, ahora van a tener un pequeño colchón que les salvaguarde de la desesperación que te hace aceptar que tus derechos sean pisoteados.

No voy a ocultar que el IMV me parece insuficiente por sí solo, considero que el Estado debe regular el precio de los alquileres, crear banca pública, hacer una reforma fiscal para que paguen más los que más tienen, derogar las reformas laborales, poner fin a la especulación de la vivienda, reforzar la Inspección de Trabajo… Sí, el IMV por sí solo es insuficiente. Lo sé. Pero también sé que gracias a él cientos de miles de familias van a poder comprar pan todos los días. Podrán llenar hasta el borde el cazo de lentejas. No van a tener que dividir entre dos un filete. Van a poder usar para la leche las tazas grandes… Puede que les parezca poca cosa, pero les aseguro por experiencia que son grandes cosas cuando te faltan. Aunque sólo sea por eso, no pueden imaginar la alegría que me genera este nuevo derecho social conquistado.

Siempre se dice que los españoles olvidamos muy pronto, y la mala memoria no es buena para aprender de lo vivido. No debemos olvidar que en el pasado otros gobiernos de diferentes partidos, tanto del PP como del PSOE, reaccionaron ante la crisis con recortes de derechos y prestaciones.

El PP de Rajoy recortó y privatizó, aparte de acometer una reforma laboral que abarató el despido y precarizó el empleo. El PSOE de Zapatero también tuvo su reforma laboral en contra de los trabajadores y modificó el artículo 135 de la Constitución para dar mayores ventajas a la banca y a las grandes fortunas. Además de aumentar la edad de jubilación y reducir las prestaciones en los peores momentos. En cambio, el actual Gobierno de coalición está legislando de forma muy distinta. No hay recortes sino apoyos a trabajadores y empresarios, me diréis que insuficientes y no os diré que no, pero la diferencia es incontestable.

Los meses de confinamiento, de sistema sanitario al borde del colapso, nos han mostrado crudamente la importancia del sistema sanitario público y universal. Ninguna bandera ondea más alto que el deseo de una familia por ver sanar a un ser querido. La inmensa mayoría estaremos de acuerdo en que la sanidad pública debe ser defendida y fortalecida con convicción y rectitud. Gobierne quien gobierne.

Durante estos meses vemos al personal docente esforzarse para, con sus escasos medios, seguir compartiendo conocimiento con sus alumnos. Somos testigos de la necesidad de que la escuela pública deje de sufrir recortes de personal, plazas y medios. Pero aún hoy sigue levantando más expectación la presencia o no de público en los estadios de fútbol que el proceso de vuelta a las aulas del alumnado de nuestro país.

Otra cuestión que ha saltado a la vista en la actual crisis es nuestra incapacidad productiva para cubrir necesidades básicas de mascarillas, pantallas o guantes. La deslocalización industrial y la apuesta por el monocultivo del turismo y la burbuja del ladrillo nos hacen una economía con pies de barro. Por enésima vez se ha puesto de manifiesto que hay sectores estratégicos y productivos que no se pueden dejar sólo en manos de la iniciativa privada.

La desindustrialización en España nos ha traído productos relativamente baratos desde otras latitudes del mundo, pero también ha generado la pérdida de puestos de trabajo con buenos salarios y condiciones laborales dignas. Sin olvidar que estamos perdiendo para las arcas públicas los impuestos generados si estas actividades económicas se realizaran en España.

Los ritmos de consumo energético y de materiales no son sostenibles para el planeta. Los lugares de producción deben estar lo más cerca posible de su lugar de consumo. Es necesario volver a producir en España pero mediante industria limpia, afrontando el cambio del sistema energético basado en el ahorro y en la eficiencia de las energías renovables, así como el cambio total en la generación y gestión de residuos. No podemos reincidir en el mismo error, el Mar Menor nos muestra a lo que nos conduce la prepotente búsqueda del máximo beneficio.

Son tiempos para adoptar reformas valientes por el bien común. El ejemplo de las redes de solidaridad de los barrios y los movimientos sociales debe marcar el camino para que esta crisis que tanto duele sirva para cambiar de rumbo.

El sálvese quien pueda es la máxima del individualismo embrutecedor, pero ahora, cuando más evidente es lo erróneo de aquel mensaje, es el momento de tomar medidas audaces que fortalezcan lo colectivo, lo público y la justicia social. El repetido “que nadie quede atrás” no puede quedarse en un eslogan coyuntural, debe ser la máxima de cualquier pueblo digno.

 

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1 Comentario

  1. yo estoy sinceramente que no tengo ni para pan, pero tal y como lo digo, todo por que tuve que dejar un trabajo por medo a contraer el coronavirus, ya que tenia que coger tres medos de transporte y sufrí ansiedad y al dejarlo yo no me corresponde paro y llevo tres meses sin cobrar nada, asi es mi situacion.

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