Rectificar es de sabios | Por Santiago López Legarda

Causó enorme asombro – y también incredulidad e indignación – el abrazo que se dieron en público Pedro Sánchez y Pablo Iglesias luego de anunciar el preacuerdo que habían alcanzado para formar gobierno apenas 48 horas después de celebradas las últimas elecciones. Asombroso y muy propio de esa Celtiberia Show que tanto nos enseñó a amar el inolvidable Luis Carandell.

  • En las elecciones del 10 de noviembre, cada uno de los dos grandes bloques obtuvo un 43% del voto ciudadano.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Causó enorme asombro – y también incredulidad e indignación – el abrazo que se dieron en público Pedro Sánchez y Pablo Iglesias luego de anunciar el preacuerdo que habían alcanzado para formar gobierno apenas 48 horas después de celebradas las últimas elecciones. Obviamente, la gente – esa gente que a muchos nunca se les cae de la boca – empezó a preguntarse cómo era posible que lo que no pudo acordarse en cinco meses pudiera pactarse ahora en una reunión de hora y media. Asombroso y muy propio de esa Celtiberia Show que tanto nos enseñó a amar el inolvidable Luis Carandell.

Algunas de las cosas que habíamos pronosticado en estas páginas de ALCALÁ HOY se cumplieron: Seguiría el empate porcentual entre los bloques de izquierda y derecha y la diferencia de escaños entre uno y otro bloque podría ser más estrecha que en abril. En consecuencia, los resultados del 10 de noviembre han configurado un Congreso de los Diputados en el que resulta aún más difícil la consecución de una mayoría estable para gobernar. Pero de esa configuración, y dejando al margen la alarmante crecida de Vox, hay que resaltar una cosa: pese al fracaso rotundo de la operación monclovita para repetir las elecciones, lo cierto es que el único ejecutivo posible es uno de orientación izquierdista o progresista encabezado por el Partido Socialista Obrero Español. El cabreo de los electores (manifestado en parte con un voto extremista y antisistema) no ha llegado hasta retirarle la confianza al partido encabezado por Pedro Sánchez.

Pero el PSOE ha visto reducirse sus opciones. Si en abril podía intentar la formación de una mayoría con su izquierda o con su derecha, ahora solo puede mirar a la izquierda. La idea de una gran coalición entre PSOE y PP, que algunos han defendido ardorosamente, no me parece un buen camino, porque dejaría un protagonismo excesivo a la oposición de extrema derecha. Y de nuevo nos encontramos con el mismo problema que viene bloqueando o gripando la gobernación del país desde las elecciones de 2015: los líderes de nuestras formaciones políticas no tienen cintura para adaptarse a las exigencias que plantea el fin del bipartidismo.

En las elecciones del 10 de noviembre, cada uno de los dos grandes bloques obtuvo un 43% del voto ciudadano. Con ese porcentaje, tanto el PSOE como el PP habrían estado muy cerca o por encima de la mayoría absoluta. Pero resulta que los votantes han querido que, tanto a un lado como a otro del espectro, los apoyos se repartan entre tres formaciones. Y a partir de ahí viene un atolladero del que los líderes no saben cómo salir.

Y el caso es que la solución sería simple y sencilla para cualquiera con dos dedos de frente: si no estás en condiciones de articular una mayoría alternativa, no pongas palos en la rueda frente a la mayoría que está tratando de articular quien ganó las elecciones. Al Partido Popular y a Ciudadanos, partidos constitucionalistas, habría que recordarles que están en la misma actitud irracional que estuvo Pedro Sánchez frente a Mariano Rajoy tras las elecciones de 2015 y 2016. Pero esa actitud fue rectificada por la dirección socialista para hacerle un gran servicio al país, un servicio verdaderamente constitucionalista y patriótico, permitiendo la investidura de Mariano Rajoy, que había ganado las elecciones por dos veces, pero sin una mayoría suficiente. ¿Dónde está ahora el sentido de estado, el sentido patriótico, de un PP que dice querer contribuir a  la gobernabilidad pero sin facilitar la investidura del candidato socialista? ¿Cómo se come eso? ¿Cómo se llega a la gobernabilidad y la estabilidad parlamentaria sin pasar antes por una sesión de investidura?

¿Y qué decir de Ciudadanos? ¿No es con toda probabilidad el abandono de su vocación centrista y moderada lo que le ha llevado al desastre? ¿No sería esta su gran oportunidad para diferenciarse de PP y Vox ofreciendo un apoyo negociado al bloque progresista, que es el único que puede formar una mayoría de gobierno?  A todas estas preguntas hay que añadir una preocupante en grado sumo: ¿Es cierto que Pedro Sánchez, en todos los días transcurridos desde las elecciones, no se ha puesto en contacto ni con el líder del PP ni con los dirigentes de Ciudadanos? Si esto es cierto, entonces tenemos que empezar a sospechar que también son ciertas las peores cosas que nos han contado sobre la personalidad del Secretario General del PSOE y su forma de afrontar la actividad política.

Para terminar, unas palabras sobre Cataluña y el intento de conseguir el apoyo indirecto de Esquerra. Me incluyo entre los partidarios del diálogo, de la necesidad de hablar hasta la extenuación. Pero me temo que, tal como nos enseñara Ortega, es un problema que tenemos que aprender a conllevar porque no tiene solución. No la tiene por la vía de la generosidad, puesto que no es concebible generosidad mayor que la mostrada por el llamado régimen del 78; y tampoco la tiene por la vía del estacazo y tente tieso. Tenemos que convivir con nuestros problemas territoriales como los enfermos de psoriasis tienen que convivir con una piel que permanentemente parece no estar a gusto con el cuerpo que le ha tocado en suerte.

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1 Comentario

  1. Esto de la Política ya no hay quien lo aguante, con lo fácil que es resolverlo, pero claro la ‘pela es la pela’ y claro a todos y todas que están metidos en la Política pues claro lo que les interesa es ‘La Pela’.

    A los que los políticos nos consideran ovejas, pues piensan, si estos y estas, son ovejas y los llevamos donde nosotros y nosotras queramos.

    Pero claro, da la casualidad, que los votantes pensamos: Con lo fácil que es poner un reglamento, o sea el partido que no saque más del 7% de votos queda descartado y por lo tanto o se alinea a otro partido para la segunda vuelta o queda eliminado.

    Veríamos como en la segunda vuelta no estarían diez u once partidos políticos, lo máximo seria tres o cuatro, y seguro que habría una gran mayoría para un solo partido y se empezaría a gobernar al momento.

    Pero claro, esto no interesa, es mejor estar cobrando todos los meses sueldos astronómicos y seguir en el sillón.

    Ojo, que los votantes no somos jili…, y esto puede llevar a España, a una total rabia hacia la clase política.

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