Contra el bipartidismo viviamos mejor | Por Santiago López Legarda

Nos las prometíamos muy felices para cuando el bipartidismo desapareciera de la escena política española. Durante casi cuatro décadas – desde el 77 hasta 2015 – el gobierno de la nación estuvo en manos del centroderecha o del centroizquierda con apoyos ocasionales de nacionalistas vascos y catalanes. Por fin en 2015 tuvimos un parlamento que parecía salvar la distancia que en este punto nos diferenciaba de Europa.

Pedro Sánchez y elecciones, en directo (Emilia Gutiérrez)
  • Espero ardientemente que no lleguemos a tener que preguntarnos cuándo se jodió España, al modo en que el personaje de Vargas Llosa se preguntaba en La Catedral cuándo se jodió el Perú.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Nos las prometíamos muy felices para cuando el bipartidismo desapareciera de la escena política española. Durante casi cuatro décadas – desde el 77 hasta 2015 – el gobierno de la nación estuvo en manos del centroderecha o del centroizquierda con apoyos ocasionales de nacionalistas vascos y catalanes.

Las legislaturas llegaban casi todas a su término natural; los ejecutivos, gracias al mecanismo de la moción de censura constructiva, gozaban de una estabilidad inamovible y el país era gobernado con mejor o peor acierto pero sin incertidumbres ni sobresaltos. Estábamos muy lejos de nuestros hermanos italianos, que salen a una media de un gobierno por año desde la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha. Pero muchos ciudadanos se sentían – nos sentíamos – escasamente representados por aquellas cámaras dominadas por dos partidos fuertemente beneficiados por la ley electoral. Estábamos deseosos de ver más colorido, más pluralidad, en el palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Por fin en 2015 tuvimos un parlamento que parecía salvar la distancia que en este punto nos diferenciaba de Europa: había llegado el momento de las cámaras fragmentadas, de la negociación, de los pactos, de los gobiernos de coalición. Vamos, lo que en todo el continente viene a ser el pan nuestro de cada día. Nos sentíamos satisfechos, alegres, pero en medio de tanto festejo no supimos ver o no supimos recordar aquello que dejó escrito la danesa Isak Dinesen y dejó dicho en la gran pantalla la adorable Meryl Streep: a veces, cuando los dioses quieren castigarnos, se complacen en concedernos lo que tanto hemos deseado.

Así que los dioses, a esta España que le da dos tazas a quien no quiere caldo, le han concedido no sólo el multipartidismo, sino también sus consecuencias: cuatro elecciones generales en el plazo de cuatro años. Ya estamos en condiciones de codearnos con los italianos, aunque sigue faltándonos la finezza de la que ellos hacen gala cada vez que tienen ocasión.

Espero ardientemente que no lleguemos a tener que preguntarnos cuándo se jodió España, al modo en que el personaje de Vargas Llosa se preguntaba en La Catedral cuándo se jodió el Perú.

Pero las elecciones del 10 de noviembre son la historia de un fracaso colectivo que va a deteriorar gravemente la confianza de los ciudadanos en el funcionamiento de las instituciones de la democracia. Nuestros Constituyentes diseñaron un régimen parlamentario que parece no haber sido estudiado o comprendido por nuestros líderes actuales, porque el poder ejecutivo no recae de manera mecánica en la fuerza política más votada, sino en aquel candidato que es capaz de articular una mayoría suficiente en torno a su programa y su persona.

El Presidente en funciones, durante los casi cinco meses transcurridos desde las elecciones, sólo ha sido capaz de amarrar un voto más de los conseguidos por su partido. Y con eso me parece que está dicho todo o casi todo. Es impresentable que los portavoces de la Ejecutiva socialista comparezcan ante los medios para decir que les ha sido robada su victoria. ¿Qué victoria? Y más impresentable aún esa soberbia de corte bonapartista con la que el propio Sánchez dice descartar todo gobierno de coalición para después del 10-N.

En la noche del 28 de abril toda la ciudadanía española estaba convencida, creo, de que habría un Gobierno sustentado por el Partido Socialista y Unidas Podemos. “Con Rivera no, con Rivera no”, gritaba la militancia concentrada en la calle de Ferraz y Sánchez asintió. De modo que la única opción posible era el acuerdo con aquellos a quienes había definido como su “socio preferente”. Y dado el resultado electoral, es perfectamente razonable que el socio preferente exija un ejecutivo de coalición, que es lo que se lleva en Europa. Mejor dicho, no es que se lleve, es que se da por descontado y nadie lo discute.

La pretensión sanchista de gobernar en solitario con sus 123 diputados es una quimera. Y la arrogancia de Iglesias al no coger al vuelo la oferta de coalición que tuvo encima de la mesa constituye un error de dimensiones colosales. Pero la oferta de Sánchez no era sincera y se hacía a disgusto. A los pocos días Unidas Podemos se había dado cuenta de su equivocación, pero incomprensiblemente para los socialistas lo que era válido en julio no ha sido válido en septiembre.

Tenemos unas cuantas semanas para valorar lo ocurrido y calibrar las culpas de cada uno. En mi opinión, el principal culpable es Pedro Sánchez, que estuvo muy hábil para articular la mayoría circunstancial que le permitió desalojar a Mariano Rajoy, pero no ha hecho nada serio y coherente por aglutinar a una mayoría que le permitiera gobernar de manera estable durante cuatro años. Y creo también que, en conjunto, los líderes de nuestra izquierda, con sus egos desmesurados, han contraído méritos suficientes para que la ciudadanía les envíe a una travesía por el desierto. Porque la verdadera pesadilla que se cierne sobre nosotros es que en la noche del 10 de noviembre nos enfrentemos a un escenario en el que de nuevo sea inviable un pacto para investir a un candidato y gobernar durante cuatro años.

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3 Comentarios

  1. Tres puntualizaciones:

    -El Bipartidismo entre el PP y el PSOE solo ha empobrecido nuestra democracia, creando unas redes clientelares enormes al servicio de estos dos partidos que desembocan en posteriores casos de corrupción (ERES y Trama Gurtel por citar solo dos).
    -El PSOE no es un partido de izquierdas como ya ha quedado demostrado sobradamente, por tanto, la expresión «coalición de izquierdas» que tanto ha sonado no es sino una farsa puesto que el único partido que puede considerarse de izquierdas seria UP, mientras que el PSOE es mas bien un partido de centro que a veces se vuelca a un lado y a veces a otro, según le convenga.
    -El PSOE desde el primer momento no ha querido un gobierno de coalición, como puede comprobar cualquiera que se informe un poco fuera de los círculos mediáticos habituales. Prefieren pactar con C´s como ya quedó demostrado hace tiempo.

    En resumen, y como consejo; que los votantes de izquierdas no se dejen camelar por esos cuentos de la desmovilización y la decepción y acudan a votar a aquellos que de verdad pueden proporcionar a España un gobierno progresista y de izquierdas.

  2. «¡Qué tropa, joder, qué tropa!».
    Dicen que cuando el Conde de Romanones fue propuesto para la Real Academia, le sugirió alguien que hiciese una visita de cortesía a todos los miembros de la Institución encareciéndoles su apoyo, porque esa era la costumbre. Así es que venciendo el natural pudor cumplimentó ese requisito y todo el mundo le aseguró que su voto sería para él. El día de la votación se acercó su secretario y en un aparte le dijo: Excelencia, traigo malas noticias: no hemos salido. ¿Cómo es posible? -preguntó perplejo- Pero si tenía garantizada la elección… El funcionario se encogió de hombros. Pero entonces ¿cuántos votos he tenido?- quiso saber. Ninguno, Excelencia- musitó el secretario con un hilo de voz. El político se quedó unos instantes pensativo y luego cabeceando ligeramente se volvió hacia su ayudante: ¡Joder, qué tropa!,- concluyó.

  3. El bipartidismo, ha dividido mas aun a España , la ha puesto a punto de la segregación, enriqueciendo a vascos y catalanes y empobreciendo a los patriotas no considerados capaces de levantamientos civiles armados.
    Por tal motivo, los lideres, aun vivos, de todo el deterioro nacional, siguen chupando de los favores prestados a los ricos porque sus limosnas, ya se han desmoronado. Solo queda, levantar el país y librarlo de sinvergüenzas, este es trabajo de hombres justos. Pero torres mas altas han caído. El planeta no es de nadie

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