La batalla del relato | Por Santiago López Legarda

Todavía no ha nacido aquel que será capaz de sorber y soplar al mismo tiempo. Y, en vista del desenlace que tuvieron las catastróficas negociaciones entre el PSOE y Podemos, nos entra la duda de si los líderes políticos que dicen representarnos son capaces de colaborar y competir al mismo tiempo.

Foto composición de Bouza
  • Sánchez y los suyos prefieren ir a nuevas elecciones después del mal ambiente, el mal rollo, causado por los días frenéticos de negociaciones a cara de perro.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

 

© AFP 2019 / Pierre-Philippe Marcou

Todavía no ha nacido aquel que será capaz de sorber y soplar al mismo tiempo. Y, en vista del desenlace que tuvieron las catastróficas negociaciones entre el PSOE y Podemos, nos entra la duda de si los líderes políticos que dicen representarnos son capaces de colaborar y competir al mismo tiempo. La invalidante discapacidad de que hicieron gala en vivo y en directo posiblemente se debe a que son muy jóvenes, muy modernos y muy aficionados a esas estúpidas series televisivas tan llenas de malvados conspiradores, de sangre, de cabezas rodantes, de largas batallas en las que solo uno se hace con el trono y los demás pasan a la nómina de perdedores.

Si nuestros jóvenes líderes estuvieran chapados a la antigua, como Tierno Galván, por ejemplo, con aquellos trajes con chaleco que no se quitaba ni en los días de ola de calor; o entretuvieran sus tardes de verano viendo las carreras ciclistas, como el más famoso de nuestros registradores de la propiedad, quizás habrían aprendido que a veces, según como vengan dadas, dos rivales aparentemente inconciliables se ven juntos, se miran a la cara y se dicen: para ti la etapa y para mí la general. Que traducido al lenguaje político quiere decir: para mí la investidura y para ti la vicepresidencia, la sanidad, la vivienda y la igualdad. Pero no, nuestros jóvenes líderes no saben colaborar y competir al mismo tiempo porque ellos entienden la política como un tablero de ajedrez en el que el final forzoso es el jaque mate a uno de los reyes.

Según mis cálculos, que no tienen nada de científicos, hay unos tres millones de votantes socialistas que nunca, bajo ningún concepto, votarían a Podemos; y hay un millón de votantes de Podemos que preferirían perder un brazo antes que meter en la urna la papeleta del PSOE. Pero resulta que entre ambas fuerzas obtuvieron el 28 de abril más de once millones de votos. De modo que hay una masa de siete millones de votantes que podrían inclinarse hacia un lado u otro. Ese es el espacio político y sociológico por el que compiten la socialdemocracia de centenaria trayectoria y la nueva izquierda que hemos dado en llamar populista. Una competencia sana, agitadora del debate, que evita la natural tendencia a dormir en los laureles. Pero para resultar útiles a la gente, a esa gente de la calle que tanto invocan algunos, hay que tener el mínimo sentido común necesario para identificar el momento en el que  lo que se impone es colaborar y dejar la competencia para mejor ocasión.

Insisto en que mis cálculos no son nada científicos, pero a día de hoy me llevan a pronosticar que iremos de nuevo a las urnas en noviembre. Después de lo ocurrido en Navarra, con los socialistas aceptando el apoyo pasivo de quienes organizan homenajes públicos a los terroristas salidos de prisión, los 150 votos de la derecha contrarios a Sánchez son inamovibles. El Presidente en funciones está estancado en 124 votos favorables, por su culpa, por su grandísima culpa, ya que dejó pasar los meses creyendo que había obtenido poco menos que un derecho natural a gobernar en solitario. Y desde luego no va a haber una nueva oferta de coalición con Podemos. Sánchez y los suyos prefieren ir a nuevas elecciones después del mal ambiente, el mal rollo, causado por los días frenéticos de negociaciones a cara de perro. De hecho, la convicción que yo tengo es que con ese mal rollo instalado en la mesa del Consejo de Ministros, el hipotético Gobierno resultante de un voto de última hora favorable a la investidura, no habría llegado siquiera a comerse el turrón.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, acompañado de los diputados Ione Belarra, Victoria Rosell, Pablo Echenique y Alberto Rodríguez, antes de la última reunión con Pedro Sánchez / Daniel Gago – Podemos

¿Podría ocurrir que Podemos, después de las lecturas veraniegas, volviera en septiembre dispuesto a cerrar un acuerdo programático  con los socialistas y dejarles formar un Ejecutivo monocolor? Podría ocurrir, pero para eso Pablo Iglesias tendría que dejar de ser Pablo Iglesias. Un líder demasiado peleón, demasiado seguro de sí mismo, con el alma demasiado amamantada en esas series de las que hablábamos, como para renunciar a esa cosa tan extremadamente moderna que ahora llaman la batalla del relato. Hubo un momento en que el relato lo iba ganando él, pero las salpicaduras de sangre lo cegaron y no vio que era un magnífico negocio aceptar la última oferta que sus contrincantes le pusieron sobre la mesa. Ahora va perdiendo el relato, sus adversarios tienen sólidos argumentos para pegarle un buen bocado en su caudal de votos. Pero la serie debe continuar hasta la batalla final y nosotros debemos prepararnos para no perdernos en los giros y contorsiones del guión, casi siempre incoherentes con lo que se nos contó en los capítulos anteriores.

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1 Comentario

  1. Sr. López Legarda: ¡qué buena definición ha hecho usted de nuestros ¿lideres? políticos! Pues tiene razón: parecen salidos de una serie de TV, puede ser una de americanos, la que usted se refiere… ¡cualquiera! ¡hay tantas!, pero al fin y al cabo: series peliculeras. Y estos dos líderes políticos se enfrascan en una batalla en la cual tiene que salir un ganador y un perdedor. ¡Qué poco aprendemos (aunque sean líderes????)! Lo que no quieren asumir es que unos cuantos ¿millones? de votantes fuimos a las urnas y con una papeleta clara, porque no queríamos que gobernara la derecha (el voto al miedo que invocó Sánchez) y corren el riesgo de que muchísimos votantes (no los forofos, por supuesto) les hagamos un corte de mangas porque… ¡ya está bien de tomarnos el pelo! ¿que gana la derecha? pues habrá que apechugar, yo creo que más pierden ellos porque yo no me quedo en el paro (que ya lo estoy) y ellos sí, porque yo no voy a dejar de ser «salvador» de nada (porque no lo he sido) y ellos ¿a quienes van a salvar?, porque yo intento ser coherente con lo que digo y hago y ellos, nuestros líderes… ¡me temo que van a»su bola»!. Pues Sánchez e Iglesias: si hay nuevas elecciones ¿lo vais a tener muy crudo!

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