El secuestro de la política | Por Teresa Galeote

En política siempre existieron y siguen existiendo hombres y mujeres con plena vocación de servicio, pero son rara avis y palidecen ante la avalancha de personajes y "personajillos" que hacen de la política una forma de vida, los que viven de ella sin importarles nada más que su espléndido salario y demás privilegios.

Andrea Fabra: «¡Que se jodan!»
  • “Jamás iría yo donde la política ha venido a ser, no ya un oficio, sino una carrerita de las más cómodas, fáciles y lucrativas, constituyendo una clase, o más bien un familión vivaracho y de buen apetito que nos conduce y pastorea como a un dócil rebaño”. Benito Pérez Galdós

 

  • Teresa Galeote Dalama es escritora: Los días largos, Momentos que no se olvidan, El grito, El eco de las Palabras y Daños colaterales, forman parte de su obra literaria.

Es cierto que padecemos una política degradada, tanto que es fácil denostarla. Pero no debemos olvidar que la política como arte de lo posible, como sistema de organización de naciones, como fórmula de convivencia de hombres y mujeres, es lo que dio origen a las civilizaciones.

La política, con mayúsculas, siempre estuvo en el punto de mira de los poderes económicos, de aquellos que no necesitan normas que les regulen; a ellos les basta con el caciquismo, o con dictaduras; cualquiera de estas formas les aseguran sus intereses y sus privilegios. Los intereses económicos siempre estuvieron por encima de cualquier opción que se apartase de sus parámetros. Pero nunca como ahora se dejan sentir tanto, nunca como ahora se muestras tan cínicos, tan desvergonzados, paseando sus privilegios y su impunidad sin pudor alguno, haciendo de la mentira su principal seña de identidad. Más bien podemos decir que el espacio político ha sido ocupado por una partida de depredadores y depredadoras que necesitan sacrificios humanos para alimentarse.

La política es necesaria en contraposición de aquellos y aquellas que ven la nación como un cortijo para beneficio propio, como un feudo donde se les rinda pleitesía y vasallaje. Hace falta una política que ponga la vida humana en las mejores condiciones. Y eso es posible si los que han colonizado la política salen de un territorio que no les pertenece, aunque crean que son los llamados a dirigir el destino de nuestro país.

En política siempre existieron y siguen existiendo hombres y mujeres con plena vocación de servicio, pero son rara avis y palidecen ante la avalancha de personajes y «personajillos» que hacen de la política una forma de vida, los que viven de ella sin importarles nada más que su espléndido salario y demás privilegios, además de irradiar influencias o se dejan “querer”. No olvidemos que nuestro país está educado siglos de caciquismo. Ya sabemos que, “el pasado pesa más que una losa”; ya lo anunció Descartes hace siglos.

Y de esos polvos vienen estos lodos

La Segunda República fue un intento de acabar con ese negro pasado que hacía del vasallaje su principal seña de identidad, pero nada más se instauró, los intereses creados comenzaron a fraguar su destrucción. Hoy, como hace siglos, la política está desprestigiada por quienes siempre la denostaron, por quienes contaminan todo lo que tocan; no les interesa otra forma de organización que la suya, les sobra todo lo que huela a dignidad, a derechos humanos.

“Jamás iría yo donde la política ha venido a ser, no ya un oficio, sino una carrerita de las más cómodas, fáciles y lucrativas, constituyendo una clase, o más bien un familión vivaracho y de buen apetito que nos conduce y pastorea como a un dócil rebaño”. Esto es lo que decía Benito Pérez Galdós, (Galdós republicano (Escritos y discursos 1907-1913). Y lo dice cuando anuncia su entrada a la política en abrir de 1907, a los 64 años de edad. Sus discursos estuvieron marcados por la regeneración, esa regeneración que hoy seguimos pidiendo.

Parece que no ha pasado el tiempo. Hoy seguimos con los mismos males de la España decimonónica, de la de principios y mediados del siglo XX. Las dictaduras y las restauraciones monárquicas se han sucedido unas a otras sin dar tregua a establecer nuevas formas de gobierno; gobiernos con clara vocación democrática y, por tanto, regeneradora, donde la permisividad de la corrupción sea abolida.

Mucho se habla del número de políticos que puebla la geografía española; sin duda hay que hablar de ello, pero no solo del número. La cruda realidad es que faltan muchos políticos y políticas con clara conciencia de servicio público y sobran quienes prostituyen la política. Debemos reivindicar la política, pero no la falsa política, aquella que con apariencia de cordero lleva un lobo dentro. Hay que renegar de quienes quieren llevarnos a los años 40-50 del siglo XX, donde la educación y la sanidad era materia reservada para unos pocos, donde el hambre y la precariedad reinaban en la mayoría de los hogares españoles. Es significativa la frase lanzada a los parados-hace algún tiempo- por la hija de Fabra, “qué se jodan”, para darnos cuenta de la podredumbre que reina en nuestro país. No es una frase cualquiera; a la  mujer le salió del alma, de ese inconsciente que llevamos dentro de lo más recóndito de nuestro ser y que, a veces, traiciona.

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