¿Dónde quedó el orgullo? | Por Carlos Cotón

Cuando vi por primera vez las imágenes y los vídeos contra los dirigentes de Ciudadanos, vi odio. Sentí una mezcla de rabia y pena. Rabia porque sigo sin entender a quienes se creen con el derecho a hacer lo que hicieron, y pena porque creo que este tipo de episodios solo sirven para restar credibilidad a una causa tan noble y necesaria como la reivindicación de derechos de ciertos colectivos de la sociedad que pueden verse en peligro o no protegidos como deberían.

Foto de agencias

 

  • Carlos Cotón es miembro del Consejo de Dirección de UPYD y Portavoz en Alcalá de Henares

 

Foto de Joaquín Ropero

Por segundo artículo consecutivo, me veo obligado a hablar, nuevamente, de una reivindicación social. En concreto, de la reivindicación del colectivo LGTBI y la Marcha del Orgullo. Si en mi anterior articulo denunciaba la intimidación que algunos de los manifestantes llevaron a cabo contra Judith Piquet en la celebración en Alcalá de Henares, en esta ocasión me toca referirme a los bochornosos sucesos que se vieron en la Marcha del Orgullo en Madrid contra varios dirigentes del partido político Ciudadanos.

Foto de agencias

Todos pudimos ver lo que tristemente aconteció aquel día. Insultos, vejaciones, lanzamiento de objetos, empujones, obstáculos. Y todo porque a Ciudadanos, que siempre ha participado –junto a otros partidos políticos- en la Marcha del Orgullo, se le ocurrió aparecer allí, en Madrid, a defender, junto al resto de los manifestantes, los derechos de este colectivo.

Como ya comenté en mi último artículo, estamos asistiendo a la presencia de intolerantes en causas que precisamente defienden la tolerancia, la inclusión, el respeto al diferente –ya sea por cuestión de sexo, raza, creencia religiosa u orientación sexual-. Y como dije, quien legitima, justifica o no condena sus actos, se está convirtiendo en cómplice de quien los practica.

Cordon Press

Cuando vi por primera vez las imágenes y los vídeos contra los dirigentes de Ciudadanos, vi odio. Sentí una mezcla de rabia y pena. Rabia porque sigo sin entender a quienes se creen con el derecho a hacer lo que hicieron, y pena porque creo que este tipo de episodios solo sirven para restar credibilidad a una causa tan noble y necesaria como la reivindicación de derechos de ciertos colectivos de la sociedad que pueden verse en peligro o no protegidos como deberían. Y yo creo que lo peor que le puede ocurrir a cualquier causa social es que pierda toda su credibilidad, el sentido de dicha causa.

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Pero insisto, lo que también resta credibilidad a este tipo de luchas sociales son los justificadores de la infamia. Aquellos que ante la indecencia, callan. Aquellos que ante la intolerancia, toleran. Aquellos que como el Ministro del Interior, el señor Grande-Marlaska, aprovechan la oportunidad para justificar y legitimar los actos violentos. ¡Qué vergüenza ver a un Ministro, un miembro del Gobierno de España, hacer las declaraciones que hizo y echar leña al fuego!

El odio, la violencia, fueron justificados por algunos como Alberto Garzón viniendo a decir algo así como que “algo habrán hecho” los dirigentes de Ciudadanos para que les pase lo que les pasó. Algunos han utilizado durante mucho tiempo, y con mucha ligereza, el término ‘fascista’ para definir al que piensa distinto. Por eso están ciegos cuando de verdad se produce un comportamiento fascista como el que vimos el otro día.

A los diputados de Ciudadanos se les pidió que dejasen de denunciar el escarnio público y la violencia que padecieron y se les tildó de “victimistas”. Como si ellos, las víctimas, fueran culpables de que les agredieran e insultasen. Algo parecido a cuando el mismo Ministro Marlaska que justificó estos comportamientos en la Marcha del Orgullo llamó “provocadores”, entre otros, a Fernando Savater por ir a Alsasua a defender la libertad.

Siento vergüenza de quien se pone de perfil –o directamente al lado- ante la ignominia y el despropósito. Cada vez que justifican la violencia ideológica se retratan como lo que son: verdaderos intolerantes cómplices de los violentos por legitimar sus acciones (o reacciones, como dirían aquellos que responsabilizan a los agredidos de ser los causantes de las agresiones).

Iconos de la tolerancia y la libertad como Alaska han afirmado públicamente que reivindicaciones sociales como la del Orgullo no pueden estar politizadas y ser propiedad de una determinada ideología, y que no debe excluirse a nadie de lo que nos compete a todos. No es precisamente Alaska una sospechosa de representar a la derecha más derechona de España. Que se lo hagan mirar algunos.

Y es que no hay gays de izquierda o gays de derecha, hay ciudadanos. Cada uno con su ideología y con sus legítimas creencias sobre cómo ha de afrontarse la vida. Y en las reivindicaciones del colectivo LGTBI no hay homosexuales y heterosexuales, sino ciudadanos que, independientemente de su orientación sexual, están comprometidos por una misma causa: la reivindicación de derechos y libertades para ese colectivo. Y lo mismo pasa con el llamado movimiento feminista, que no hay hombres y mujeres, sino ciudadanos que caminan y batallan juntos, unidos, por una misma reivindicación.

No hace mucho en Madrid se manifestaron algunos pocos adeptos del separatismo catalán y no pasó nada. A diferencia de Cataluña, en la capital de España transcurrió con total normalidad una manifestación que reivindicaba la libertad de los políticos presos y que abogaba por la ruptura del país. Sí, incluso se permiten este tipo de manifestaciones en la capital de España y transcurren con todo tipo de normalidad, sin incidentes.

Termino con una frase que el humorista Moncho Borrajo plasmó, a raíz de todo este asunto del Orgullo y el acoso a Ciudadanos, en un tuit. Decía él que estaba cansado de tanto ‘orgullo’ –en minúscula- y de tan poca dignidad. No hay mejor ni tan breve expresión para definir lo que se vivió aquel día.

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6 Comentarios

  1. Te imaginas que voy a la plaza de Colón, cuando las tres derechas se hicieron la famosa foto, con una bandera republicana.
    Que crees que me hubiera pasado? No se puede estar en los dos bandos, como quieren los de ciudadanos.

    • Es que lo bueno es saber estar a los dos lados. Eso implica respeto. Lo bueno es saber que hay gente partidos que quieren ver unión. Lo que pasó es de vergüenza y quien no sepa verlo, malo.
      Y la banderita que tanto nos gusta usar de conversación en el bar… También las había.

  2. No voy a juzgar como grupo lo que sucedió, pero de vergüenza. Cada día que pasa y con todo lo que veo, pienso que en ocasiones «progre» = dictador.

  3. Elena: no sé si «progre» es sinónimo de dictador. Me temo que muchos ciudadanos llevamos un pequeño «dictador» dentro de uno mismo (quizá todos lo tenemos), pero hay que saberlo para que no bloque la inteligencia que tenemos y nos salgan emociones desbordadas. Ciudadanos se quería hacer las FOTOS y lo ha conseguido, y son ciertas, pero eso no quita para que su palabrería sea creíble. Y, tal vez estés de acuerdo: hoy en día: nuestros políticos son una paparrucha que dicen más mentiras que verdades y que todos luchan por el poder, pero NINGUNO por sacar adelante un país. Es modesta mi opinión.

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