La Cultura que hace grande Alcalá | Por Miguel Mayoral

Nunca había estado en ningún partido político; pero tampoco nunca he creído a los que dicen que son apolíticos, que a ellos la política les da igual, o que no les importa quién gobierne. Todo el que tiene opinión sobre las grandes o pequeñas cosas que suceden en su país o en su ciudad, es político.

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas
  • Por Miguel Mayoral, Premio Ciudad de Alcalá de Investigación Histórica. Candidato de Ciudadanos al Ayuntamiento de Alcalá de Henares

Mi vida en Alcalá ha estado siempre ligada a la Cultura y la Educación. Desde niño he conectado siempre ambos campos. Con 10 u 11 años empecé a formar parte de aquel coro de frecuentes actuaciones radiofónicas, que dirigía el padre Alberto Bustos, en el Colegio San Gabriel. Más tarde, llegó el instituto y, con él, la formación del grupo de música Folk Alborada, al que espero que recuerden aún muchos alcalaínos; también mi ingreso en el incipiente conservatorio y en mi entrañable Schola Cantorum, de la que fui su presidente.

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas

Ya como maestro, empecé a impartir clases en el Centro de Educación de Adultos, y en él monté el Taller de Teatro Didáctico, con el que ganamos el Premio Nacional de Teatro Cervantino, llevando el nombre de Alcalá a Guanajuato (México). Cuando terminé mi segunda carrera universitaria, volví a Alcalá como profesor de Instituto; espero que recuerden mis alumnos del “Alonso de Avellaneda” nuestras excursiones arqueológicas y exposiciones en clase. Pronto contó conmigo nuestra Universidad; y mis clases de Historia Medieval se ligaron inmediatamente al análisis de los documentos que conserva nuestro Archivo Histórico. De ahí surgió mi tesis doctoral y el premio del que más orgulloso me siento, el Ciudad de Alcalá de Investigación Histórica.

Imagino que estas idas y venidas por los diferentes caminos culturales y educativos de nuestra Alcalá son las que inspiraron mi nombre a Miguel Ángel Lezcano para proponerme la coordinación de un equipo excepcional, que ha trabajado muy duro, durante dos largos años, para conformar el programa educativo y cultural con el que Ciudadanos pretende devolver la ilusión a los alcalaínos.

Nunca había estado en ningún partido político; pero tampoco nunca he creído a los que dicen que son apolíticos, que a ellos la política les da igual, o que no les importa quién gobierne. Todo el que tiene opinión sobre las grandes o pequeñas cosas que suceden en su país o en su ciudad, es político; porque no se puede permanecer impasible cuando se sabe que un niño español no puede usar su lengua materna en ningún colegio de Cataluña; o que se está cometiendo una salvajada urbanística y arqueológica en su tradicional plaza de los Cuatro Caños.

Por eso, todos somos políticos, aunque la natural ponderación de los españoles, muy sacudidos por guerras y posguerras, nos hace mirar con recelo a diestra y siniestra, y caminar por senderos centrados, cuando los ve firmes y prometen destinos seguros. Eso me ha pasado a mí, una persona de mentalidad liberal que ha decidido dejar de protestar y de preguntarme por qué mi ciudad, con las potencialidades que tiene, no despega hacia los puestos que le corresponden. Alcalá de Henares tiene el bagaje suficiente como para situarse, sin complejo alguno, en la vanguardia internacional, concitando lo público y lo privado en un proyecto colectivo de ciudad.

Con el equipo que hemos trabajado creo que hemos hecho una reflexión en profundidad de lo que necesita la cultura y la educación de nuestra ciudad y lo hemos podido trasladar al programa electoral de Ciudadanos.

Foto de Ricardo Espinosa

Nos planteamos, en primer lugar, crear la Marca Alcalá, como referencia de ciudad cultural, tanto a nivel nacional como internacional; y lo haremos mediante una programación de eventos centrados en nuestros grandes hitos históricos: Cisneros y su Universidad; Cervantes y su Quijote; Justo y Pastor y Complutum; Tirso, inspirador del don Juan. Por otra parte, promoveremos la construcción de un Palacio de Congresos y Auditorio, el Museo de la Ciudad y el Centro Internacional Cervantes como infraestructuras básicas necesarias para el impulso cultural, turístico y económico de la ciudad.

No olvidaremos la tradición que, de la mano de la innovación, nos traerá unas auténticas Navidades del siglo XXI, con apoyo al “belenismo” y una cuidada implicación de las peñas y otras entidades ciudadanas en la Cabalgata de Reyes, convirtiendo las fiestas de Navidad en una muestra más de la proyección cultural de la ciudad, al igual que la Semana Santa para la que elaboraremos un Plan Estratégico que la permita convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Creo que hay que enseñar a nuestros niños y jóvenes a vivir Alcalá. Y para ello, los estudiantes deben embadurnarse de la Cultura complutense; de su Premio Cervantes; su Museo Arqueológico; sus archivos y bibliotecas; su Corral de Comedias; sus salas de exposiciones; sus edificios históricos; su festival de Cine… Si logramos conectar ahora a estos chicos y chicas con la Cultura de su ciudad, en pocos años tendremos adultos cultos y, como tales, críticos con su gobierno municipal; capaces de vitorear con orgullo, a los cuatro vientos, que viven en una ciudad Patrimonio de la Humanidad, que hace cientos de años vio nacer al mejor escritor en lengua castellana; y que fue cuna también de una universidad convertida, por un enérgico franciscano, en ejemplo para el mundo. Y si lo hacemos bien, serán ellos, los más jóvenes de hoy, los que harán de Alcalá una gran ciudad.

 

 

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