Ángel Hernández, el hombre detenido en Madrid por ayudar a morir a su mujer con esclerosis múltiple, es alcalaíno

Ángel Hernández es de Alcalá aunque se fue a Madrid cuando se casó hace 25 años con María José Carrasco. Formó parte del TIA en sus comienzos participando en "El Carro del Teatro", la primera obra del Grupo de Teatro Independiente de Alcalá.

Ángel Hernández, con su esposa María José Carrasco. / EL PAÍS / CARLOS ROSILLO
  • María José Carrasco, que necesitaba a su marido para todo, llevaba meses esperando a que se aprobara la ley de la eutanasia
     
Una foto en una de las librerías de la habitación muestra a una pareja joven, guapa, muy a la moda de principios de los ochenta. «Es de cuando nos conocimos», dice Ángel Hernández, jubilado anticipadamente con 61 para poder cuidar a su pareja de los últimos 36 años. EL PAÍS / CARLOS ROSILLO

La sociedad avanza mucho más rápida que los políticos y este jueves se ha puesto, de nuevo, de manifiesto. Ángel Hernández, un jubilado madrileño que estaba harto de ver a María José Carrasco, su compañera durante 25 años, sufrir, perder su autonomía y ser reducida, en contra de su voluntad, a casi la vida de un mueble, que es movido de la cama al sofá, decidió el miércoles ayudar a su esposa a cumplir su mayor deseo: morir. Ángel no se ocultó, como han hecho otras personas que han ayudado a enfermos postrados y graves a abandonar la vida, por miedo a ser procesados. En un vídeo se ve como suministra la sustancia letal a María José y además explica que su esposa se lo ha pedido “muchas veces” pero él “confiaba en que se aprobara la eutanasia pero, visto lo visto…”

El consentimiento

 

No se sabe si María José sufrió al morir. No sé ve en el vídeo, adelantado por Cuatro y Telecinco. Lo que sí se aprecia es que ella da su consentimiento y pese a ello, Ángel fue detenido este jueves ha pasado a disposición judicial. El Código Penal castiga con entre dos y diez años de prisión a quien “coopere con los actos necesarios al suicidio de una persona”, pero rebaja uno o dos grados la pena inferior si hay petición expresa de la víctima y esta padece una enfermedad grave.  En el caso de suicidio asistido más conocido, el de Ramón Sampedro, ni su compañera, Ramona Maneiro, ni las otras 11 personas que le ayudaron a morir, fueron encausados. Urdieron una trama para intentar dificultar su procesamiento. Pero no es el caso de Ángel, que ha confesado los hechos, ni el de Ignacio Sánchez Olsaso, condeando a dos años por ayudar a su madre a suicidarse.

La carta

Ángel Hernández formó parte del TIA en sus comienzos participando en «El Carro del Teatro». Foto del grupo en 2018

Ángel escribió una carta, fechada el 10 de marzo, que la asociación Derecho a Morir Dignamente remitió este jueves a los medios. En ella cuenta que a María José le diagnosticaron la enfermedad en 1989, cuando tenía 32 años. En estos momentos, padecía una discapacidad del 82%, con incontinencia vesical y, en ocasiones rectal, que hacía que precisara de terceras personas para asearse o alimentarse.

En su carta, Ángel explica que María José recibía cuidados paliativos y “de buena calidad” pero insiste que tiene que existir “el derecho al suicidio asistido”. Asimismo, se dirige a los “negacionistas” con la eutanasia y les pide que sean conscientes del “dolor que ocasionan a todos aquellos que como María José y su familia sufren por su actitud».

 

 

 

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