Juan Echanove, Ricardo Gómez, Ana Duato y María Galiana tiñeron de ‘rojo’ el Salón Cervantes

Para gustos los colores, y en el escenario se vieron muchos tonos palpitantes: pues el rojo puede ser burdeos, granate, púrpura, carmesí y un largo etcétera, según los sentimientos. diálogos, monólogos muy poéticos, e incluso una bella escena musical en la que el maestro y su aprendiz trabajan juntos, moviéndose al mismo ritmo, para seguir creando arte puro se prolongaron durante una hora y 40 minutos, hasta que una llamada resolvió el dilema.

Ana Duato y María Galiana, la madre y la abuela de la entrañable familia Alcántara, no quisieron perderse la función. Foto de Ricardo Espinosa
  • «No estoy aqui para pintar cuadros bonitos, sino para hacerte reflexionar», le dijo el personaje de Juan Echanove al de Ricardo Gómez durante la función.
  • Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY

Y eso fue lo que ambos actores hicieron, con algunas pinceladas de humor, ante el público que llenó ayer el Teatro Salón Cervantes, del que recibieron una gran ovación, algunos espectadores puestos en pié para despedir al elenco agradecido.

En los asientos estuvieron dos de sus compañeras en la serie ‘Cuéntame’: Ana Duato y María Galiana, la madre y la abuela de la entrañable familia Alcántara en la que Echanove era el cuñado y Gómez el tercero de los hijos.

Ellas, al igual que la concejala de Cultura, María Aranguren, y las aproximadamente 450 personas que adquirieron su entrada, no quisieron perder la oportunidad de ver ‘Rojo’, una obra galardonada con seis premios Tony (incluido el de Mejor Obra) y representada en medio mundo desde Chile hasta Japón, ahora por primera vez en España.

‘Rojo’ constituye el mayor éxito teatral del dramaturgo y guionista John Logan. Su protagonista es Mark Rothko, uno de los grandes representantes del llamado Expresionismo Abstracto, que se enfrenta al que quizá es su mayor reto profesional y su peor dilema ético: pintar una serie de murales, extraordinariamente bien pagados, que deberían decorar el elitista restaurante Four Seasons de Nueva York. Es el principio de la decadencia, pero el tormentoso creador se niega aceptar que un nuevo movimiento, el Pop Art, acecha dispuesto a pisotear su legado tal y como su generación hizo con los cubistas que le precedieron.

Bajo la incisiva mirada de su joven ayudante, y disparando palabras como dardos, Rothko pinta un certero retrato de su visión del arte, de la vida y de la muerte a la que no quiso esperar. Sí, esa incertidumbre que se crea en el taller del artista, donde entre pinturas, lienzos, algún cigarrillo y un mal trago, se debate sobre los estilos pictóricos, el consumo y las diferencias generacionales.

El veterano hizo reir con su egoísmo al afirmar que: «Todos los artistas deberian pasar hambre menos yo» y el joven asistente, a cuyos padres asesinaron cuando tenía 7 años, enterneció al tratar de convencernos de que «tener dinero no te hace más rico». En definitiva, para que «el negro no se trague al rojo» de tu vida.

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