Serrat emocionó anoche a miles de personas en la Huerta del Palacio Arzobispal

Joan Manuel Serrat llegó ayer a Alcalá de Henares para llenar la Huerta del Palacio Arzobispal y emocionar a miles de alcalaínos, alcalaínas, y visitantes. El concierto, que forma parte de su gira 2018 "Mediterráneo Da Capo", y del ciclo de "Los Conciertos de la Muralla", organizado por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, emocionó a los asistentes. 

Foto de Ricardo Espinosa
  • Este año, el álbum que homenajea en esta gira, Mediterráneo, cumple 47 años
  • Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY

Ni siquiera había empezado a cantar. De fondo, acordes de sus canciones más míticas. Sí. Míticas. Da igual que no empiece por “Hoy puede ser un buen día”, porque lo hizo con Mediterráneo y el público que abarrotaba el Recinto Amurallado del Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares ya se había puesto en pie con sólo verle aparecer, se relata en Lalunadealcala, medio oficial de los Conciertos de la Muralla.

Alcalaínos, alcalaínas, visitantes hacía ya bastante de sus dos últimos conciertos en la ciudad complutense, el más lejano en el tiempo en la vieja plaza de toros. Daba igual. Escucharle en directo siempre es diferente. Aunque te sepas “Lucía” o “Fiesta”,  siempre hará una entradilla diferente. Mejor celebrar el 47 aniversario sobre los escenarios, que no esperar a los 50, “por lo que pueda pasar” bromeó.

 Así fue el magnífico concierto de Joan Manuel Serrat en Alcalá. La ciudad se vestía de gala para escuchar un Serrat quien volvía a ese Mediterráneo que nunca abandonó. En tiempos de visados, fronteras y alambradas, el artista ha tenido la feliz ocurrencia de considerar que, además de ciudadano del mundo, de catalán, español y europeo, lo es sobre todo de su mar de cada día de esa patria líquida que une, más que separa, continentes, tradiciones, creencias, colores de piel e incluso hombres y mujeres que nadan en sus playas, navegan en sus yates y naufragan en sus pateras. De eso habló en el concierto, de la homosexualidad, de lo que sea…porque ese es Serrat, valiente, comprometido.

Como él mismo contó, hace casi medio siglo que se embarcó en un frágil barquito de papel en busca de nuevos horizontes y, como Ulises, también se topó con cantos de sirena, con polifemos y cíclopes, se enamoró de bellas nausicas y circes, descendió al hades, el infierno y, después de haber sobrevivido a aventuras y peligros, vuelve al directo, tal vez más sabio y convencido que antes.

Como asegura en su promoción, existe un viejo proverbio catalán que resume la epopeya de Ulises, la Odisea, en siete palabras: Roda el món i torna al Born (“Gira el mundo y vuelve al Borne”, uno de los principales y más antiguos mercados de abastos de Barcelona). Esto equivale a decir que es bueno recorrer caminos, cruzar fronteras, conocer otros mundos y finalmente regresar a casa con lo aprendido en la travesía de ida y vuelta, como las olas. Así sonó, de forma magistral, cuando frente a la Catedral Magistral de Alcalá, pudimos escuchar por ejemplo entonar el “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”…

En su viaje repasó las 10 canciones de aquel LP fundamental en su vida: Lucía, Aquellas pequeñas cosas, Pueblo blanco, Barquito de papel y, por supuesto, el mítico Mediterráneo. De ahí el título del espectáculo: Mediterráneo Da Capo, con el que ha decidido desplegar velas para navegar de nuevo con su disco Mediterráneo (1971) como el eje alrededor del cual gira este concierto con el cual el cantautor catalán se hace a la mar.

 

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