Las medallas de Don Emilio | Por Jesús García Mugarza

En estos días se cumplen dos años de la concesión del título de “Hijo Predilecto de la ciudad de Sevilla “ a Emilio Lledó. Título y medalla que recibió agradecido y en cuyo acto de concesión, Lledó realizó una firme defensa de la cultura, llegando a afirmar de las humanidades “…como el cultivo supremo de un pueblo y su mayor fuente de riqueza”.

Emilio Lledó.- EFE


 

  • Jesús García Mugarza, activista social y sindical

 

José Manuel Vidal (EFE)

En dicho acto de concesión, Emilio Lledó recogió la medalla, como ocurrió en las otras ocasiones en que fue galardonado en el pasado ya fuera en España: en el 2014 cuando recibió el “Premio Nacional de las Letras Españolas” y en el 2015 cuando recibió el “Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades” o en el extranjero, caso del premio “Alexander Von Humboldt” que recibió del gobierno alemán en 1990.

El PP de Madrid llega huérfano al Dos de Mayo. / Foto de archivo EFE

Todo eso contrasta con la decisión tomada a finales del mes de abril de este año, en la que Emilio Lledó renunció a recibir de manos de la presidenta regional madrileña Cristina Cifuentes.  la medalla de Oro de la Comunidad de Madrid.

Tras lógico revuelo creado a raíz de esta decisión, el filósofo y académico explicó en diferentes medios de comunicación que la razón única de ese rechazo puntual fueron las circunstancias que sucedían esos días en la ciénaga que han creado unos cuantos en la política madrileña.

A pesar de las, es verdad que no muy numerosas, críticas recibidas; Lledó se mantuvo fime en su idea destilando coherencia y ejemplo ciudadano en una decisión de este tipo. El autor de libros, artículos y estudios sobre el pensamiento clásico no podía sumergirse en ese lodazal, y no sólo por la casi anécdota de los botes de crema sustraídos, sino por todo lo que hay alrededor del lodazal. Si el premiado sostiene que la característica esencial de la política hace veinticinco siglos era la decencia y que el indecente, en la antigüedad clásica no podía gobernar; no podía ser, a principios del soleado mes de mayo de 2018, ajeno a la realidad circundante.

Una realidad bien descrita por la Audiencia Nacional en su famoso auto del veinticuatro de mayo en el que condena a un total de 351 años y un mes de prisión a Francisco Correa, Pablo Crespo, y otros prohombres que durante muchos años cocinaron contratos públicos y tramas corruptas que enraizaron en la administración pública madrileña e, incluso, compartieron mesa y mantel en la fastuosa boda de Ana Aznar Botella en El Escorial. Juntos, todos, en la salud y la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y; quizás también, en la pobreza.

Lledó, sevillano de nacimiento y parte de cuya infancia transcurrió en la, hoy esquilmada, Comunidad de Madrid; tomó la decisión de rechazar la medalla de la comunidad hace unas semanas. Y sin saber lo que venía después de esa punta de iceberg que fue la caída de Cristina Cifuentes. Todo un gobierno de España. Entero. Y en esa situación, otra vez Lledó clarividente nos enseña que lo más grave es la presencia de la mentira en el mundo de la política, ya que hace que se defiendan intereses privados ( a veces, muy privados) disfrazados de públicos. La sociedad que tiene la mentira instalada en su interior es un sociedad realmente muerta.

Jesús García Mugarza, activista social y sindical

 

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