Victoria Aparicio, primera concejala alcalaína

El caso de Victoria Aparicio debe ser puesto en valor en relación a un contexto histórico muy determinado, que tiene que ver con los tiempos apasionantes y convulsos de la II República y el conflicto posterior que ocuparon la década de los treinta del siglo pasado; pero también tiene que ver con la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad y por ocupar un espacio público reservado a los hombres.

Mujeres Antifascistas en la Guerra Civil

 

  • Pilar Lledó Collada,  Presidenta de la Institución de Estudios Complutenses

 

El inicio de la guerra civil en julio de 1936 actuó como catalizador de la movilización femenina. En un momento en que el hombre estaba centrado en la lucha contra los militares sublevados, las mujeres salieron desde el primer momento a la calle y se ofrecieron voluntarias para contribuir a la lucha antifascista.

La movilización de las mujeres se canalizó a través de los partidos políticos y sindicatos, y, sobre todo, a través de una serie de organizaciones femeninas, algunas de ellas creadas durante el periodo republicano, como Mujeres Libres, órgano femenino de la CNT, y la Asociación de Mujeres Antifascistas (en adelante A.M.A.). En Alcalá de Henares la canalización del trabajo femenino fue efectuada por el Partido Comunista, la Casa del Pueblo del PSOE y, sobre todo, por la A.M.A., que tuvo una gran implantación en la ciudad complutense. En la sede del Partido Comunista muchas mujeres afiliadas y simpatizantes, acudían cada día a coser ropa y preparar paquetes para sus compañeros en el frente.

Se puede constatar cómo esta colaboración se centró desde el principio en labores propias de su condición femenina. En octubre de 1937 había tenido lugar en Valencia la celebración de la II Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas. En sus conclusiones hicieron varias propuestas al Gobierno republicano, entre las que se encuentra recabar de las mujeres puestos en los consejos municipales. Será esta puerta la utilizada por Victoria Aparicio para acceder a ese puesto, aunque únicamente cuando la continua movilización de reservistas para luchar en el ejército republicano, el último año de conflicto, amenazó con paralizar el funcionamiento de los organismos públicos, la mujer accedió a realizar tareas consideradas como propias del hombre y a ocupar puestos de alguna responsabilidad en la política y la administración.

La biografía de la primara mujer concejala del Ayuntamiento de Alcalá de Henares es un ejemplo de la colaboración de la mujer durante la guerra civil para conseguir la victoria de la República, pero también es un símbolo de todas esas mujeres que sufrieron persecución por sus ideas tras la derrota y que aprendieron a sobrevivir en un ambiente hostil, a costa de renunciar a sus ideas.

Como maestro su padre ocupó plaza en varias escuelas pertenecientes a pequeños pueblos de la provincia de Guadalajara entre 1900 y 1924, sobre todo de la comarca de la Sierra de la Pela, en la frontera con la provincia de Soria; era una zona agreste y despoblada, entonces y ahora. En uno de esos pueblos, Hijes, nació Victoria.

Por un asunto de deudas su padre fue desahuciado en 1934, y ese es el año en que aparece Victoria Aparicio por primera vez en el censo de población alcalaíno. La familia, compuesta por el padre, jornalero de 67 años, la madre, Candela Alonso, un hijo, Magín, también jornalero, y Victoria, dedicada a sus labores, vivía en una casa alquilada en la calle Cerrajeros, número 11.

Victoria Aparicio, que entonces tenía 23 años, era también modista. Debía tener inquietudes políticas, porque pronto se afilió al Partido Radical Socialista de Marcelino Domingo, aunque en sus declaraciones ante la policía franquista obvió este dato. El conflicto bélico radicalizó sus ideas, y se afilió al PCE el 1 de diciembre de 1936, y a la UGT un año después, antes del final del año 1937.

Después de una corta pero intensa carrera política, Victoria acabó ocupando el cargo de concejal en el Ayuntamiento alcalaíno en febrero de 1939, a los 27 años, siendo la primera mujer en ocupar un asiento en la Casa consistorial.  En el pleno del día 5 de ese mes se dio cuenta de que Victoria había sido nombrada consejera municipal junto a otro compañero del partido comunista, Ildefonso Monleón, en sustitución de Manuel Muñoz y Emilio Hernández, afiliados a ese mismo partido, que se incorporaban a filas.

En la sesión del día 13 de febrero fue elegida para formar parte de las comisiones de Policía Urbana y Festejos. Pero hasta la sesión del día 20 de febrero no asistió personalmente al pleno. Ese mismo día Aparicio hizo dos ruegos: uno para que se controlase la producción de leche para que no faltase a los niños quitando las recetas a muchas personas que no estaban enfermas, ejerciéndose la necesaria vigilancia en los establos a la hora del ordeño; y otra para que se intensificase la construcción de refugios contra los bombardeos.

Victoria Aparicio asistió por última vez a un pleno el 5 de marzo. Pidió que se nombrara el Consejero delegado de Propaganda, pues ese cargo estaba vacante y opinaba que “era de gran importancia y necesidad en los actuales momentos”. Su actuación tuvo un claro objetivo social, de mejora de las duras condiciones de vida de los más débiles, sobre todo de los niños. Pero tuvo poco tiempo para ejercer el cargo. En la noche del 5 al 6 de marzo tuvo lugar el Golpe de estado del coronel Casado contra los comunistas, que fueron vencidos tras una semana de lucha.

Muchos de los miembros del PCE fueron hechos prisioneros. En esas condiciones los dos concejales comunistas abandonaron el Ayuntamiento. Victoria debió permanecer esos días escondida y consiguió huir de la ciudad complutense en los últimos días de marzo de 1939, refugiándose en Madrid.

El  8 de septiembre de 1940, Victoria Aparicio ingresó en la prisión de mujeres de Ventas en Madrid. Nunca fue juzgada, a pesar de aparecer su nombre en varios sumarios. Abandonó la cárcel el 5 de enero de 1942, la víspera de Reyes.

Víctima de la represión franquista durante las siguientes décadas,   permaneció el resto de su vida viviendo  en esa barriada hasta 1981, concretamente en la Plaza de las Meninas, número 6. Desconocemos la fecha exacta de su muerte y su lugar de enterramiento, aunque no es descabellado pensar que sus restos descansen en el cercano cementerio de Carabanchel. Murió soltera y no dejó descendencia

Esta mujer, la primera que ocupó el cargo de concejal del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, no tiene ningún reconocimiento público en esta ciudad. Ninguna calle lleva su nombre, ninguna placa que la recuerde se puede ver en las paredes de la Casa Consistorial alcalaína ni en las de la casa donde vivió, en la calle Cerrajeros número 11 (por otra parte, hoy desaparecida).

Ya es hora de que esta ciudad le muestre el reconocimiento que se merece poniendo su nombre en el espacio público que ella, Victoria Aparicio, tanto luchó para que fuese ocupado por las mujeres. La ciudad de Alcalá de Henares tiene una deuda con esta mujer pionera en el campo político, que parece que será subsanada al haber sido aprobado por el Pleno municipal el 20 de junio de 2017 la colocación de una placa morada con su nombre en la fachada del Ayuntamiento, junto a otras de mujeres importantes para la ciudad formando una nueva ruta turística femenina. Esperemos que dicho acuerdo tenga una pronta plasmación práctica.

        Pilar Lledó Collada,  Presidenta de la Institución de Estudios Complutenses


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