España, te quiero libre | Por David Cobo

Vivimos días de detenciones, movilizaciones, despliegue policial, represión, urnas y papeleteas en busca y captura… La sociedad se está polarizando y no es momento de ponerse de perfil, hay que buscar soluciones  partiendo de la realidad objetiva y con la firme convicción de que cualquier conflicto político ha de tener una solución democrática.

Vivimos días de detenciones, movilizaciones, despliegue policial, represión, urnas y papeleteas en busca y captura… La sociedad se está polarizando y no es momento de ponerse de perfil, hay que buscar soluciones  partiendo de la realidad objetiva y con la firme convicción de que cualquier conflicto político ha de tener una solución democrática.

En España nombramos nuestra democracia con orgullo, la nombramos muchas más veces de las que nos paramos a pensar qué es la democracia o qué tipo de democracia queremos.

En las últimas elecciones autonómicas de Cataluña, en el 2015, se presentó una candidatura inusual fruto de la unión de un partido claramente de derechas, Convergencia, y otro de izquierdas, Esquerra Republicana de Catalunya. Esta atípica candidatura tenía como razón de ser la propuesta de una hoja de ruta por la independencia de Cataluña, dicha pretensión la llevaba hasta en su nombre, Junts pel Sí. Juntos por el Sí. Esta candidatura, nos guste o no, ganó las elecciones autonómicas.

A la candidatura de Junts pel Sí se ha sumado la CUP para organizar un referéndum de independencia, entre ambas organizaciones conforman una mayoría absoluta en el Parlament de Cataluña.

El Gobierno del Estado Español ha actuado como si no estuviera pasando nada, se ha negado a buscar una salida negociada, ha activado vías judiciales y policiales para evitar la consulta. Los argumentos del Gobierno del Estado se reducen a repetir una y mil veces que era un referéndum ilegal, aumentar la presencia policial y adoptar medidas de represión para disuadir a la gente de votar.

Con estos argumentos el Gobierno de España ha conseguido que el referéndum no se pueda celebrar con garantías, su resultado no puede considerarse válido, pero lo que también ha logrado es generar un aumento exponencial del independentismo en Cataluña.

En democracia, por la fuerza no se vence ni se convence.

Es curioso que al Partido Popular y a la antigua Convergencia, los cuales viven enfangados en corrupción, hasta la fecha no les había costado ponerse de acuerdo para beneficiar al gran capital, a los de arriba. Han caminado de la mano para aprobar reformas laborales, aumentar la edad de jubilación… y ahora se elevan como cabezas de dos posiciones enfrentadas.

La pregunta que planteó la Generalitat es: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?  Sí o No

La Generalitat daba a los catalanes dos opciones polarizadas. Seguir como hasta ahora, con la actual monarquía y el no reconocimiento de la existencia de más naciones que no sean la española, o independencia. La Generalitat no daba la opción a los catalanes  una tercera vía federalista. Considero que no dar una tercera opción federalista busca conducir a la sociedad a posiciones polarizadas de blanco o negro, de todo o nada.

La actuación de ambas instituciones, Gobierno de España y Generalitat de Cataluña, propicia que se estén repartiendo etiquetas entre los catalanes. ¿Secesionista o constitucionalista? ¿Soberanista o españolista? ¿Está usted con nosotros o con las fuerzas del mal?

Ambas instituciones buscan una situación de enconamiento nacionalista entre catalanes y españoles. Una falsa dicotomía donde sólo se dan dos opciones y se niega cualquier tercera vía.

Una tercera vía factible sería reconocer jurídicamente que España es un estado plurinacional, lo cual no sería otra cosa que reconocer la realidad, y dar la opción de poder ser una unidad territorial federal dentro de estado español. La opción federalista está presente en los programas electorales de Izquierda Unida desde 1996.

En los últimos años hemos visto referéndums de independencia celebrados en diversos países del mundo, con poca violencia y mucha política diferentes pueblos se han pronunciado. Escocia en 2014, Puerto Rico en 2012, Montenegro en 2006, Quebec (Canadá) en 1995… Sus ejemplos son soluciones dialogadas y toma de decisiones participativas a situaciones concretas.

¿Los españoles queremos que Cataluña u otra unidad territorial formen parte de España por la fuerza militar o policial? ¿Es con porras y tanques con lo que vamos a apuntalar marcos de convivencia? Claro que no.

Queremos una España libre, solidaria, social, abierta y diversa, donde se hable sin miedo. Una España de la que nos den ganas de salir a la calle a festejar, no victorias futbolísticas, sino la alegría de vivir en una sociedad donde el trabajo digno llegue a todas las manos, el alimento a todas las cucharas, la sanidad a todos los enfermos, justa jubilación de nuestros mayores, pública y libre educación. Una España de la que nadie quiera desvincularse.

La solución pasa por el diálogo, por el debate, que el pueblo decida. Y en democracia el pueblo decide votando.

Que los pueblos hablen y decidan, pero no sólo como solución puntual a la situación concreta de Cataluña. Que los pueblos decidamos si estamos de acuerdo en que se recorten los servicios públicos y se rescate a los bancos. Que las gentes determinemos si queremos que se privatice lo público y se abarate el despido. Que nos pregunten si estamos de acuerdo con que la vivienda pública se venda a fondos buitre… Porque de eso va la democracia, de decidir sobre los asuntos concretos que afectan a nuestras vidas.

Los problemas que sufrimos las clases populares son los mismos para el trabajador de Barcelona como para el de Córdoba, Bilbao, Madrid o Cáceres. Problemas de falta de trabajo, temporalidad, bajos salarios, recortes de derechos, corrupción… injusticias que emanan y son inherentes al sistema capitalista. Ese es el problema y persistirá si no se le combate, con independencia de cuáles sean las banderas nacionales que ondeen en los mástiles. Banderas senyeras y rojigualdas con las que tapan sus vergüenzas muchos de los responsables de la corrupción y de los recortes en Barcelona y en Madrid.

 “No defiendo el derecho a la autodeterminación por nacionalista, sino por demócrata”   | Julio Anguita.

“El único enemigo que hay en Cataluña es el mismo que hay en Madrid; El capitalismo”  | Salvador Seguí.

 

David Cobo . Coportavoz de Izquierda Unida Alcalá

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4 Comentarios

  1. Ojalá el comunismo, totalitario por definición, hubiera tenido ese mismo punto de vista en Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Chechenia… en lugar de enviar al Ejército (Rojo, por supuesto) y los tanques. Ojalá hubieran respetado las decisiones tomadas por esos pueblos, en lugar de reprimirlos con violencia, sangre y purgas, imponiéndoles su sistema totalitario unipartidista. Pero como eso no fue así, toda propuestas “democrática” que venga hoy del comunismo, carece de credibilidad. Una pena.

  2. Interesante punto de vista, John Silver, pero no estoy de acuerdo y te comento el porque.
    El PCE rompió sus relaciones con el PCUS en 1969 debido al rechazo de lo sucedido en la Primavera de Praga. Lo cual fué un acto especialmente valiente teniendo en consideración que el PCE era un partido en el exilio.
    En cuanto a la falta de credibilidad del sincero deseo de democracia de los comunistas, en fin, basta con leer la historia de España para saber que no hay organización que allá perdido más vidas y sufrido más años de carcel en la lucha por la democracia que el PCE. Pienso que hay que sacar conclusiones del análisis y no del prejuicio.
    Esa es mi opinión y respeto la tuya aunque no la comparta.

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