Cataluña, Cataluña, otra vez la sinrazón de los nacionalismos | Por Sergio Vilar

Hay a quien se le hace la boca agua diciendo defender la unidad de la Patria, la unidad de la Nación y su soberanía cuando habría que definir estos conceptos desde la óptica de la Historia, porque nuestra Historia debemos conocerla para no tropezar en la misma piedra en la que ya hemos tropezado muchas veces.


 

  • Santiago Vilar, Secretario político de la Agrupación Local del PCE de Alcalá

 

Hay a quien se le hace la boca agua diciendo defender la unidad de la Patria, la unidad de la Nación y su soberanía cuando habría que definir estos conceptos desde la óptica de la Historia, porque nuestra Historia debemos conocerla para no tropezar en la misma piedra en la que ya hemos tropezado muchas veces.

Lo que hoy llamamos España pudiera decirse que es una Unidad de Destino hecha a base de tortas y violencia y las tortas e imposiciones aparejadas no han desembocado en nada bueno y menos aun en una coexistencia armónica y pacífica entre pueblos y personas.

Empecemos por el fin de lo que se llama Reconquista, sin ánimo de monopolizar la verdad: después de unas cuantas escaramuzas en la segunda mitad del siglo XV, el ejército castellano va arrinconando al ejército nazarí a parte de las actuales provincias de Granada, Málaga y Almería, hubo negociaciones con firma de capitulaciones al final de este período con resultado de rendición del Reino de Granada a la Corona de Castilla. Según esos acuerdos, se respetarían las creencias religiosas, las posesiones de la aristocracia nazarí y los derechos del pueblo. Ya dentro de Granada, inmediatamente, el Cardenal Cisneros consideró los acuerdos papel mojado, obligando a la población a bautizarse, a abrazar la verdadera religión y ruptura de los derechos acordados sobre el patrimonio particular de la aristocracia y el pueblo.

Hay quien defiende a nuestro Cardenal Cisneros, al que no se puede juzgar con los cánones de la época actual, que eran otros tiempos, que el derecho de conquista y saqueo estaban en vigor, pero estaba mal visto que no se respetaran los acuerdos firmados, así como la moral que predicaba la Iglesia, la clemencia con el vencido, máxime con acuerdos de por medio.

No es de extrañar que el pisoteo con que los castellanos humillaron a los granadinos expoliando sus tierras e inmuebles y relegándoles a la categoría de siervos produjera periódicas revueltas y levantamientos moriscos todo a lo largo del siglo XVI y XVII.

El trato despótico de la aristocracia castellana hacia los dominados era habitual e intríseco. Que se lo digan no solo a los granadinos, sino a los portugueses que, en los casi 90 años que estuvieron unidos por matrimonios de conveniencia a la corona castellana sufrieron vejaciones y discriminación por parte de la aristocracia y los funcionarios traídos de Castilla. No es de extrañar que los portugueses acabaran por re-independizarse a base de tortas, como siempre. Y desde entonces vivimos como vecinos de espaldas y mal avenidos. Otro tanto podríamos decir de los nativos americanos durante la época del imperio y más cerca, en la Andalucía re-conquistada 2 y 3 siglos previos a la toma de Granada ]. Esa aristocracia enriquecida por derecho de conquista gracias a su apoyo a la realeza reciben como premio latifundios que llegan hasta hoy y que han originado, con rescoldos en la actualidad, graves enfrentamientos por falta de una Reforma Agraria que redistribuyera la tierra.

¿Y Navarra?, que se anexionó al principio del siglo XVI, unos años después que la toma de Granada, después de una guerra de baja intensidad en que las tropas castellanas invadieron el territorio ante la pasividad de los partidos aristocráticos que le disputaban la corona a los Foix franceses reinantes que habían pactado con Luis XII de Francia.

O sea, que España se ha formado a base de guerras o matrimonios de conveniencia en que los pueblos no han contado para nada.

Los reyes de la Corona de las Españas, lo fueron de una especie de confederación de reinos (Castilla, Aragón y Navarra), que en cada uno de ellos se daban contradicciones entre partidos aristocráticos con intereses ajenos a los de sus pueblos, y la corona, que trataba por puro interés de atar corto a la aristocracia, no por patriotismo ni por salvaguardar la soberanía nacional, sino lo suyo propio. No obstante, la corona se iba imponiendo poco a poco a la fuerza, claro, hasta que los nuevos reyes, producto del agotamiento biológico de los Austrias, los Borbones, fueron afianzando el absolutismo de “el Estado soy yo, el Rey” y café para todos (para los de abajo, malta de recuelo).

Y, dado que el país denominado España era el cortijo de la corona, esta se esforzaba por mantener su hacienda (como siempre, por la fuerza), sofocando rebeliones, levantamientos…en el interior y contra otras coronas para mantener sus fronteras exteriores. Las pocas veces que ganaban esas guerras, la cosa quedaba como estaba pero cuando las perdían, que era las mas de las veces, se perdían las Provincias del Norte, los Países Bajos, el Rosellón (la Cataluña francesa), Gibraltar gracias a las guerras dinásticas en que nada pintaba el pueblo, Menorca, recuperada tras 90 años en poder de los ingleses y, por último y gracias al inmovilismo de los salvadores de la patria, dispuestos a mantenerla a base de tiros y muertos del pueblo, se nos fueron Cuba, Puerto Rico y Filipinas, cuando algunos sensatos empezaban a hablar con los insurrectos de autonomía, pero la corona y el gobierno conservador o liberal, erre que erre: “la unión patria es innegociable”. La cosa no tuvo solución porque el apoyo que tuvo la parte insurrecta fue la máquina militar de los Estados Unidos.

Con los catalanes pasa lo mismo: nunca han estado a gusto con la corona española. Venían de una confederación catalano-aragonesa en la que se movían como pez en el agua. Cuando los Austrias quisieron recortar fueros y leyes propias, diferentes de los de Aragón, se revolvieron contra la corona. La aristocracia catalana, humillada por la aristocracia castellana, arrastraron a la pujante burguesía y al pueblo llano, que fue quien puso los muertos junto a las hoces, guadañas y horcas, produciéndose el levantamiento de “els Segadors” a mediados del siglo XVII.

Siempre que la corona ha respondido a Cataluña con la fuerza y de manera intransigente, los nacionalistas, regionalistas o autonomistas han permanecido agazapados a la espera de tiempos mejores, reapareciendo como movimientos culturales (Renaixença a caballo del XIX y XX) en que la literatura y la música han movido a una parte significativa de la sociedad catalana como faro y guía identitarios.

El momento actual es grave: un gobierno central enrocado en sus posiciones diciendo NO A TODO en defensa de la unidad patria como si todos fuéramos uniformes. Pues si otro no piensa como tú, habla, negocia, debate con él, tratando de ver si hay posibles puntos de encuentro o, como decimos algunos: si lo que va a hacer el gobierno catalán es ilegal, pero lo está pidiendo una parte importante de la población, parte que va creciendo según el gobierno central continúa enrocado y sigue con el NO A TODO, qué posibilidades hay de cambiar la ley, de modificar la Constitución, que no es algo inmutable, plantéese en el Parlamento una reforma constitucional, que PP y PSOE la cambiaron por el método de urgencia en 24 horas, una nueva constitución elaborada por una comisión constituyente dotada de buenas dosis de consenso, no basada en el rodillo, cediendo en lo que sea necesario, pero teniendo en cuenta que lo actual está agotado y cada vez más se habla de federalismo, y muchos, cada vez más, en forma de república. Acto seguido se vota en referéndum y se va a nuevas elecciones. Este puede ser un buen punto de partida que, para concesiones, bastantes hizo la izquierda en el 78. Tómese ejemplo de ella.

Téngase en cuenta que la cerrazón de Rajoy a todo lo que viene de Cataluña provoca el crecimiento del secesionismo (cada vez que habla Rajoy sube el pan) y si antes eran minoría, pueden ya haber pasado el listón de la mitad y si el gobierno aplica la fuerza de cualquier índole, tendrán que afrontar una oposición más que respetable. No olvidemos el efecto dominó, el contagio que pueden experimentar otros colectivos regionales, provinciales, cantonales o como se les quiera denominar.

Y no nos extrañen las formas de proceder de un pueblo con memoria que tiene en consideración históricas humillaciones y ataques a sus normas y cultura. Esto lo han sufrido todos los pueblos de España en mayor o menor medida pero…hay quien no tiene tanta memoria o esa memoria no se ha empezado a movilizar todavía. Para evitarlo está la Política, la ciencia del diálogo y la negociación.

Reconozcamos España como país plurinacional o Nación de Naciones, que eso no es malo, multilingüista y pluricultural.

Los comunistas abogamos por una salida Nacional y de Clase que dé cumplimiento a los problemas de los pueblos del Estado, salida que no es sólo territorial, sino SOCIAL, LABORAL Y ECONOMICA, que tanto los gobiernos de Rajoy como de Puigdemont han actuado igualmente mal para los intereses de la inmensa mayoría de la población.

 

Santiago Vilar, Secretario político de la Agrupación Local del PCE de Alcalá.

 

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1 Comentario

  1. Disculpe, Don Bernardo, pero si se molesta en leer el texto se dará cuenta, para su sorpresa, que en el mismo no se menciona a Franco. Leer cansa y pensar mucho más, eh, Don Bernardo.

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