Cuarenta años de Alcalá universitaria | Por José Morilla Critz

"El 1 de Julio de 1977, con algunos centros ya funcionando desde 1975, fue publicado el Real Decreto por el que se creaba “la cuarta universidad de Madrid con sede en Alcalá de Henares” que adoptaría ya su nombre oficial de Universidad de Alcalá más adelante, una vez aprobados sus símbolos y estatutos. Por tanto, en este año 2017 se cumplen cuarenta años de la Alcalá oficialmente universitaria... Gracias Universidad, felicidades alcalaínos".

Finales de otoño en la Plaza de San Diego
"Finales de otoño en la Plaza de San Diego" [ vista de la universidad cisneriana, la plaza de Cervantes y la torre de la Catedral al fondo ]. Foto de Pedro Enrique Andarelli

 

  • José Morilla Critz es catedrático emérito de la Universidad de Alcalá de Henares

El 1 de Julio de 1977, con algunos centros ya funcionando desde 1975, fue publicado el Real Decreto por el que se creaba “la cuarta universidad de Madrid con sede en Alcalá de Henares” que adoptaría ya su nombre oficial de Universidad de Alcalá más adelante, una vez aprobados sus símbolos y estatutos. Por tanto, en este año 2017 se cumplen cuarenta años de la Alcalá oficialmente universitaria.

Plan General de Ordenación Urbana de Alcalá de Henares
Panorámica de Alcalá. Foto de archivo. Universidad de Alcalá.

Por encima de todas las hagiográficas semblanzas que se puedan hacer de aquel triunfo, determinado por la confluencia de la sostenida agitación del agravio de una ciudad herida en su dignidad por un histórico despojo, por un cúmulo de circunstancias demográficas, económicas y políticas en el Madrid de entonces, y por el impulso de una nueva y joven generación aparecida por aquí gracias a la forma paulatina de establecimiento de las enseñanzas, hoy, tras esos cuarenta años, debemos de hacernos la pregunta ¿ha sido y es bueno ser una ciudad con universidad?, lo que lleva implícito lógicamente la cuestión contrafactual de ¿qué sería hoy Alcalá de Henares sin su universidad?. Sólo una imparcial pero arriesgada consideración de hechos históricos relevantes en la ciudad en estos cuarenta años, nos pueden alumbrar en esta tarea.

Lo más habitual es que el presente nunca resulte ser la idea proyectada en un determinado momento del pasado. ¿Qué hubiéramos querido los que en momentos clave de esta historia de la universidad en la ciudad, tuvimos alguna responsabilidad sustancial desde el punto de vista político o de gestión?. No creo equivocarme mucho si ese deseo lo resumo en las frecuentes citas que se pueden encontrar en artículos, discursos y otros tipos de declaraciones públicas referentes a “recuperar” o asentar aquí un ambiente cívico-universitario como los de Santiago de Compostela, Salamanca, o Granada y, ya en el culmen de la ambición “el Oxford Español”, esperanza proclamada a bombo y platillo por una homónima e importante presidenta de la Comunidad de Madrid. Esto no se ha conseguido de ninguna manera porque, sencillamente, era un bello voluntarismo inviable, en el tiempo por anacronía, en el espacio por incompatibilidad topológica, pues no es lo mismo un punto aislado o formando parte de un anillo, una estrella o una red, por poner un ejemplo sencillo.

Latidos de Jazz en la Universidad cisneriana
Latidos de Jazz en la Universidad cisneriana / Julio 2016 / Foto de Ricardo Espinosa Ibeas

Alcalá es una universidad nacida al borde del tercer milenio, con sólo simbólicos condicionantes del pasado y pronto estará en la gran conurbación de Madrid, hoy casi paralizada en su crecimiento, pero que muy pronto volverá a extenderse hasta engullirnos con una planificación, por supuesto más o menos “racional”, más o menos ecológica (en el sentido que hoy lo entendemos) más o menos humana o “posthumana”. En esto no hay nada dramático. Será otro tiempo, con otra vida, otras oportunidades y otros problemas que los que han condicionado estos cuarenta años; problemas que habrán de ser afrontados por los que vivan entonces. Ahora bien, yo creo que la parte reconocible en esa conurbación por los restos físicos de una “historia” llamada Alcalá de Henares, estará identificada más aún si cabe que ahora por su carácter de núcleo universitario.

La universidad llegó, o si lo prefieren, volvió a Alcalá de Henares, en un momento crucialmente oportuno para que se convirtiera, como así ha sido, en el principal instrumento de oportunidades de vida, símbolo e identificación de los que vivimos  aquí. Lo hizo cuando tocaba a su fin una etapa de industrialización en la zona que había durado más de cincuenta años (1920-1973) con catorce años especialmente intensos (1959-1973) y se abría una desindustrialización en dos fases también: violenta entre 1973 y 1986, y a goteo continuo desde entonces hasta hoy. Confluyendo con el momento de violenta desindustrialización, también desapareció casi por completo una amplia estructura y una elevada población militar, que tenía ocupada y “salvada para el futuro” una gran porción del territorio y de los edificios de la ciudad y derramaba en ella un notable gasto. Rematando el vaciamiento de actividad económica de la ciudad, en 1984 la Administración del Estado (que había mantenido durante más de veinte años la Escuela Nacional de Administración Pública en Alcalá de Henares) se replegó hacia Madrid.

Esa ciudad se hubiera sumido en una crisis de dimensiones mucho mayores que las que los anales de la misma nos muestran si a ella no hubiera llegado, justamente en esos años, la universidad. Me permitirán una pequeña experiencia personal que creo ilustra anecdóticamente la “descapitalización” que sufría entonces Alcalá: en 1983, estando ocupado como Vicerrector de la formulación y negociación del llamado “Convenio multidepartamental” llegaban a mi despacho decenas de ofertas de venta de casas del centro (de varios cientos de metros, con patios, huertas en algún caso, etc.) por precios que en la mayoría de los casos no alcanzaban el millón de pts. A veces he pensado que fue una lástima que hubiéramos estado tan ocupados en el rectorado en  recoger los grandes edificios históricos, porque aunque la universidad compró algunas fincas, podría haber hecho un gran patrimonio no calificado restrictivamente con perspectivas de gran revalorización, que hubiera acercado su financiación a las universidades anglosajonas que son grandes, dinámicas, y con capacidad de riesgo porque viven en gran medida de sus propias rentas. Pero este es sólo un inciso presto a interesantes futuras reflexiones.

Los alcalaínos mantuvieron, con valentía, dramáticas luchas por la no desindustrialización de la ciudad, con las que como en otros lugares de España lograron en el mejor de los casos algunos buenos convenios de prejubilación y cosas semejantes. Pero el destino fue, como en cualquier otro lugar, inexorable. Sólo el tiempo, con una nueva estructura económica de la Comunidad de Madrid y sus redes de comunicación, el destino del Corredor del Henares como área logística, ha ido abriendo  nuevos y moderados nichos de actividad económica y empleo.

Fuera del crecimiento de esa actividad, todo lo demás ha sido y es economía vinculada a los efectos difusores que directa e indirectamente ha generado la Universidad de Alcalá. Sería prolijo detallar esos efectos, pero merece la pena destacar la consecución para sí y su “entorno histórico urbano” de la declaración de Patrimonio de la Humanidad en 1998. Como todo en la vida no vino de suyo, sino que fue un proyecto gestado en la universidad, dentro de su estrategia de sacar las ventajas que podría traer aparejadas el conocimiento de su renacimiento a nivel internacional. A nadie puede caberle duda de que esa declaración fue la palanca que necesitaba un entonces futurible sector turístico de Alcalá de Henares, que ahora, en 2017 es una de las  recias patas del potencial económico que directa e indirectamente tienen los habitantes actuales y futuros de Alcalá de Henares. Las otras son la logística citada y la propia universidad.

Ya en 2005 un riguroso trabajo de investigadores de la Facultad de Económicas calculó el efecto económico directo e indirecto de la Universidad en exclusiva, es decir, sin el de Patrimonio de la Humanidad, en un entorno del 7-9% del PIB del término y un 9-12% de los puestos de trabajo. La crisis de 2008, que ha dado una vuelta de tuerca más a la dependencia de la economía alcalaína de esas tres patas, con la mayor estabilidad en cuanto a la universidad y el turismo, no ha hecho sino agudizar la importancia de Alcalá de Henares como entorno universitario.

En suma, tenemos una buena razón para felicitarnos por estos cuarenta años de universidad en Alcalá y reconocer, por una parte, a Cisneros en su 500 aniversario, que nos dio, sin necesidad de proponérselo en su día, un medio para un productivo “renacimiento” y, por otra, a todos los que en los años de hierro de ese renacer soñaron, trabajaron y sufrieron por legarnos este medio de vida, de identificación, de autoestima colectiva y de unión como ciudadanos, que es garantía de nuevos medios para los futuros habitantes de este espacio, llámese entonces como se llame.

Gracias Universidad, felicidades alcalaínos.

José Morilla Critz es catedrático emérito de la Universidad de Alcalá de Henares

 

 

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