A la espera de la tormenta solar

Que el Sol haya estrenado el 2017 casi sin manchas no debería ser motivo para bajar la guardia. “No hacen falta más manchas para tener una tormenta más fuerte”, argumenta Consuelo Cid, profesora de la Universidad de Alcalá de Henares, que se encarga de alertar a laProtección Civil española de anomalías en el astro. Tampoco hay que despreocuparse porque el último ciclo solar (11 años) no haya registrado ningún evento.

  • Cuando en octubre Obama solicitó actualizar la estrategia de EEUU contra las tormentas solares en un plazo de 120 días, se desató la conspiranoia: ¿se estaba preparando una enorme perturbación?

  • Normalmente, la influencia magnética del Sol se manifiesta con las auroras boreales en los polos.

En realidad, un suceso de ese tipo es más imprevisible que el tiempo del fin de semana. Las prisas del presidente Obama  se debia a la creciente dependencia social de la electricidad y las telecomunicaciones: la última gran tormenta ocurrió en el 2003, cuando aún no existía el iPhone.

  • El riesgo existe
Consuelo Cid, profesora de la Universidad de Alcalá de Henares, en el centro de la fotografía.

El riesgo existe y no habrá que esperar siglos para que se materialice”, afirma Cid. “Es un riesgo menos probable que un terremoto, pero con un impacto más generalizado”, afirma Alberto García Rigo, experto en la relación entre radiación solar y tecnología de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). “La meteorología espacial amenaza a satélites y redes eléctricas, y a las infraestructuras críticas que dependen de ellos”, explica Robert Rutledge, director del centro dedicado en la Organización Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA) de EEUU.

La primera gran tormenta conocida solo apagó unos telégrafos en 1859. La del 2009 apagó la luz en toda la región canadiense deQuebec. El año pasado se descubrió que en 1967 los militares de EEUU interpretaron los efectos de una tormenta solar como una interferencia soviética y llegaron a activar protocolos de guerra nuclear.

Hay tres fenómenos motivados por las tormentas solares , explica Blai Sanahuja, investigador del Institut de Ciències de l’Espaide la Universitat de Barcelona: las fulguraciones (luz), que producen efectos pequeños, como apagar la radio; la emisión de viento solar (partículas), que alcanza entre 400 y 600 kilómetros por segundo y puede afectar a los satélites, y la eyección de masa coronal (materia de la corona del Sol) , que alcanza hasta los 2.000 km/s y en ciertas condiciones puede producir tormentas geomagnéticas intensas”.

En raras ocasiones, mucha materia es expulsada con alta velocidad hacia la Tierra, con una determinada orientación del campo magnético. Cuando llega (al cabo de entre 1 y 4 días), las auroras boreales se ven hasta en el ecuador y sobre todo se generan altos campos magnéticos y corrientes espurias. “Un fallo en transformadores eléctricos puede ser de máxima gravedad, como en el caso del accidente de la central nuclear deFukushima”, afirma García Rigo.

 

 

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