Alcalá sigue perdiendo su legado agrario: Espinillos

Mientras escribimos estas líneas, el Soto de Espinillos se degrada y arruina, sin que haya autoridad que lo detenga. Lleva años en esa situación, fruto de la desidia y el olvido. Tanto olvido que, incluso llamar a la Policía Local para denunciar allí actos vandálicos, supone tener que explicar primero dónde se encuentra. No es extraño. La mayor parte de la población desconoce su existencia, en el límite complutense con la vecina Torrejón de Ardoz. Aun así, Espinillos continúa siendo parte de Alcalá.

¿Quién moverá ficha a favor del Soto de Espinillos? Lamentablemente, conocemos las respuestas: “no hay fondos, no es el momento”. O la excusa estrella de la concejalía: “No es una prioridad”.

  • Cuando llegue el momento de que sea una prioridad, de Espinillos ya no quedará nada. Ni piedra sobre piedra, ni un recuerdo.

El Soto de Espinillos es uno de los raros ejemplos que permanecen, en el término de Alcalá, de un antiguo ventorro y complejo agropecuario, una pequeña colonia rural, que se mantuvo en uso hasta bien avanzado el siglo XX. Aunque sus orígenes son más antiguos, sabemos que en junio de 1878, Pablo de Soria y Averasturi vendió esta propiedad a José de Ahumada y Centurión; quien, a su vez, vende lo que se describe como “un ventorro y terrenos en Sitio de Torote y Soto de Espinillos” (según escritura del 15/09/1888), al entonces Tte. Col. de Caballería D. Enrique Allendesalazar y Gacitúa (posterior General de Brigada). Con el cambio de propietario, la finca se transforma en una granja experimental de la “Sociedad Española contra el Ganado Híbrido”, de la que don Enrique era fundador y presidente. En estos terrenos se produjo también uno de los últimos vinos alcalaínos, el “Tinto del Soto de Espinillos”.

Pero, ahora, estos son tan solo recuerdos de tiempos mejores, que nunca regresaron. El abandono y la nula protección han convertido el lugar en pasto del vandalismo y los grafiteros. Cada vez restan menos muros en pie, cada vez hay más escombros y desolación. Se han arrancado y llevado buena parte de las vigas de madera, todo lo aprovechable. Lo que no ha sido expoliado, se quema o daña. Propiedad de la empresa pública Arpegio (es decir, de la Comunidad de Madrid), su propietario nada hace por preservarlo. El Ayuntamiento de Alcalá, ni lo conoce, ni lo recuerda, ni lo protege.

Pese a su poca resolución, su escasa iniciativa, nuestros responsables políticos continúan afirmando que se preocupan por el Patrimonio Histórico de la ciudad, por su historia, por su cultura material y sus tradiciones. Nosotros, nos tendrán que perdonar, ya no nos lo creemos. “Obras son amores, no buenas razones.“

Grupo en Defensa del Patrimonio Complutense

 

 

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