El tren de la estación de Finlandia sería hoy de cercanías | Por Raúl González

"Sin aquel tren los trabajadores y trabajadoras, sobre todo los de Europa, hubieran tenido una historia peor. Hoy esa misma lucha contra el capitalismo salvaje que nos recuerda la lucha de clase, camuflada en los últimos tiempos, sigue siendo necesaria. Y tal vez no hace falta un Lenin ni su tren. Como decían los Hechos contra el Decoro: No hay fecha señalada, ese día histórico son todos los días. No hay Palacio de Invierno que tomar, hay que conquistar nuestras vidas". El autor concluye que "el tren que llegaría hoy a la estación de Finlandia sería un tren de cercanías, un tren de corto recorrido y gran capacidad para llevar a mucha gente".

 

  • Raúl González Sanz, alcalaíno y activista social

En la película en blanco y negro y muda se ve una multitud que espera tensa, de pie, en silencio y atenta. Rótulo “Fuera de la Estación de Finlandia”. Son centenares de soldados rasos, marineros y obreros. Rotulo “3 de abril”. Los reflectores iluminan la escena de la plaza. En un momento alguien grita “¡Es él!”, “¡Ulianov!”, “¡Lenin!”. El recién llegado se sube a lo que parece un vehículo militar y arenga a las masas “Ningún apoyo al gobierno provisional. Viva la revolución socialista”.

Es una de las escenas iniciales de la magistral “Octubre” de Serguéi Eisenstein. Recrea la llegada de Lenin a Petrogrado en la noche del 3 de abril (del calendario gregoriano) de 1917 procedente del exilio en Zurich (Suiza), donde había embarcado junto con otros revolucionarios rusos en un vagón precintado, y con escoltas dentro del vagón. Nadie podía entrar ni salir de allí hasta llegar al destino. Lenin había pactado el viaje y las condiciones con el gobierno alemán. Todo en plena I Guerra Mundial. El escritor suizo Stefan Zweig, relata este viaje en su libro “Momentos estelares de la humanidad” y afirma: “millones de aniquiladores proyectiles se dispararon durante la guerra mundial, ideados por ingenieros para que tuvieran el máximo alcance y la máxima potencia. Pero ninguno de ellos tuvo mayor alcance, más decisiva intervención en el destino de la Historia, que ese tren que, transportando a los revolucionarios más peligrosos y más resueltos del siglo”. De hecho, el propio Lenin aprovechó ese viaje para hacer un informe con las tareas del proletariado y del partido bolchevique para la revolución socialista. Al día siguiente de llegar a Petrogrado tuvo dos reuniones, y envío el texto a su periódico “Pravda”. Ese informe se llamaría “Las tesis de Abril” e iba a ser el guion para hacer girar la revolución rusa hasta el triunfo bolchevique en octubre.

El triunfo de la revolución en Rusia iba a presentar una paradoja a los propios marxistas que pensaban que la obra de Marx estaba pensada para ser aplicada en donde el capitalismo estaba más avanzado y por tanto presentaba más contradicciones y se acercaba más a su propio final. Pero resultó que en la Inglaterra industrial, que era el escenario ideal para la revolución socialista, el socialismo se va a enraizar en lo social pero no tanto en lo político, y a su vez la revolución espartaquista fracasa en la también industrializada Alemania; mientras triunfan dos revoluciones de carácter socialista e igualitarias en escenarios extraños al capitalismo central: México y Rusia. Y esta paradoja se repetirá en China. Esto confirma que en realidad el marxismo es una herramienta de análisis del capitalismo y de filosofía pero no tanto de acción política, y mucho menos de estrategia y táctica revolucionaria.

Lenin supo ver eso y fue capaz de crear teoría, y sobre todo, práctica revolucionaria. Supo estudiar y llegar al análisis concreto de la situación concreta. En eso está al nivel de otro gran revolucionario del siglo XX capaz de cambiar la historia: Mahatma Gandhi.

Después de Octubre de 1917 llegó la represión en Kronstadt, la larga y trágica noche del estalinismo, la deriva al socialismo burocrático y la absoluta degeneración. Ya ironizaban con ello los Kortatu en “After Boltxebique”.

Tal vez la historia, a modo de cuento, del tren precintado de Lenin es parte de una mística de masas compartida y creada por una ideología hiper centrada en el análisis materialista de la realidad y de las relaciones sociales, de producción… Otra paradoja más que añadirle al marxismo enfrentado a la realidad.

Sin aquel tren los trabajadores y trabajadoras, sobre todo los de Europa, hubieran tenido una historia peor. Hoy esa misma lucha contra el capitalismo salvaje que nos recuerda la lucha de clase, camuflada en los últimos tiempos, sigue siendo necesaria. Y tal vez no hace falta un Lenin ni su tren. Como decían los Hechos contra el Decoro: No hay fecha señalada, ese día histórico son todos los días. No hay Palacio de Invierno que tomar, hay que conquistar nuestras vidas.

El tren que llegaría hoy a la estación de Finlandia sería un tren de cercanías, un tren de corto recorrido y gran capacidad para llevar a mucha gente.

Raúl González Sanz, alcalaíno y activista social

 

 

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