Lenin nunca hizo la compra en Mercadona | Por Santiago López Legarda

El próximo 3 de abril se cumplen cien años de un acontecimiento histórico que tendría honda repercusión en el devenir de la humanidad a lo largo del siglo XX: la llegada a la estación de Finlandia del tren blindado en el que Lenin y algunos de sus camaradas bolcheviques habían viajado a Petrogrado desde su exilio en Suiza. "Para las gentes que durante una parte de nuestras vidas - relata en su artículo el autor - ( la más joven casi siempre, ay ) hemos creído de buena fe que era posible un mundo sin explotados ni explotadores, la admiración sin límites por Vladimir Ilich era de obligado cumplimiento".

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

El próximo 3 de abril se cumplen cien años de un acontecimiento histórico que tendría honda repercusión en el devenir de la humanidad a lo largo del siglo XX: la llegada a la estación de Finlandia del tren blindado en el que Lenin y algunos de sus camaradas bolcheviques habían viajado a Petrogrado desde su exilio en Suiza.

Dotado de una inteligencia superior, un carisma apabullante e indiscutido, una voluntad de hierro y una ambición de poder a prueba de todo desengaño, Lenin se puso al frente de aquel partido aguerrido y disciplinado que había moldeado a su imagen y semejanza para conducirlo al triunfo en la Revolución de Octubre.

Para las gentes que durante una parte de nuestras vidas ( la más joven casi siempre, ay ) hemos creído de buena fe que era posible un mundo sin explotados ni explotadores, la admiración sin límites por Vladimir Ilich era de obligado cumplimiento. Aún conservo muy vivamente en la memoria los elogios desmesurados que un hombre honrado a carta cabal como simón Sánchez Montero dedicó a Lenin en el IX Congreso del Partido Comunista de España. Palabras elegíacas para, a continuación, proponer a los delegados…el abandono del pensamiento leninista como guía para la acción del partido.

Habían pasado unas cuantas décadas, habían ocurrido los inimaginables horrores de la dictadura stalinista, había quedado claro cuán lejos estaba la durísima realidad de la Unión Soviética de aquellos sueños de libertad, justicia e igualdad que parecían haber comenzado a tomar cuerpo con los cañonazos del acorazado Aurora.

Es posible que Juan Roig, el dueño de Mercadona, el hombre de la fulgurante ascensión hacia los puestos de honor en la lista de los más ricos del mundo, no sepa gran cosa de Lenin ni de Marx ni de otros pensadores y dirigentes revolucionarios. Pero Roig, lo mismo que su colega Amancio Ortega, dueño de Zara, constituye un ejemplo de libro de aquellos propietarios del capital que inspiraron las teorías marxistas. ¿De dónde salen los mil y pico millones que Ortega se embolsará este año a título personal y en concepto de dividendos abonados por su empresa? Evidentemente salen de la labor que llevan a cabo las decenas de miles de personas que han vendido su fuerza de trabajo a Inditex. El capital crece y se alimenta de la plusvalía generada por los trabajadores. Y normalmente un ciudadano solo comienza a amasar dinero de verdad cuando consigue que otros ciudadanos trabajen para él.

Pero una cosa es analizar brillantemente cómo funciona el sistema de producción capitalista y otra bien distinta es poner en pie un sistema alternativo que funcione y sea más eficiente. En este segundo aspecto, el fracaso de Marx y de cuantos han intentado llevar a la práctica sus teorías es estrepitoso, colosal. Cien años después de aquel recibimiento de masas tributado a Lenin y los suyos en la estación de Finlandia, podríamos hacernos esta pregunta: ¿funcionaría mejor Mercadona si expropiáramos a Juan Roig y un soviet elegido por los trabajadores se hiciera cargo de la dirección de la empresa? La respuesta me parece que no tiene discusión posible: los días de la cadena de supermercados valenciana como líder de la distribución comercial en España estarían contados. Y si en el resto de las empresas importantes otros soviets igualmente elegidos por los trabajadores se hicieran cargo de la dirección de las mismas, en poco tiempo las estanterías de las tiendas de Mercadona estarían tan vacías como estaban las de las tiendas en la Unión Soviética.

Seguramente es cierto que la Revolución de Octubre era una necesidad histórica y que gracias a ella los trabajadores de una buena parte del mundo consiguieron avances y derechos que parecían casi impensables en los albores del siglo XX. Pero ha llovido desde entonces lo suficiente para reconocer que la economía basada en la propiedad privada no tiene rival. En mi opinión, por una sencilla razón que el entusiasmo y las esperanzas revolucionarias del pasado no supieron o no quisieron ver: se ajusta mejor a la naturaleza del ser humano.

 

Santiago López Legarda . Fue periodista de Radio Nacional de España

 

 

 

 

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